Cusco: danza y devoción en la festividad de la Virgen del Carmen en Paucartambo

Cusco: danza y devoción en la festividad de la Virgen del Carmen en Paucartambo

Cusco: danza y devoción en la festividad de la Virgen del Carmen en Paucartambo | Fotografía: Carlos Franco

31 de Julio del 2017 - 19:30
Carlos Franco

Baile en honor a la "Mamacha" Carmen

En el cementerio de Paucartambo, a tres horas y media de la ciudad de Cusco, Hernán Huaranga Zúñiga (50) echa unos tragos y recuerda a su padre fallecido.

Alza la mirada, vestido con su traje de danzante folclórico, y señala una figura que sobresale en la cabecera del mausoleo de su familia.

Es la única sepultura con un muñeco enmascarado, de unos seis centímetros, que lleva puesto un mandil, y sostiene en manos una pala y un rodillo, herramientas básicas de todo panadero. Vuelve a echar un sorbo de cerveza y dice: “mi padre fue panadero, uno de los primeros de Paucartambo, por eso la figura”.

Es lunes 17 y los paucartambinos visitan a sus muertos durante la fiesta de honor a la Virgen del Carmen, “Mamacha Carmen”, su patrona y madre.

El muñeco del mausoleo es un homenaje a Patricio, su padre, pero la máscara es un guiño al “maqt'a”, el danzante que, de acuerdo con la tradición, representa al campesino, y oficia de bufón entre el público, con el que juguetea, bromea sin cesar.

UN ‘DANZAQ’. Hernán no es un “maqt'a”; es más bien un “danzaq”, otro de los personajes claves de la festividad. Cuenta que se trata de uno de los danzantes más pícaros, pues se dice que es un enamorador, un encantador de quinceañeras, de mujeres casadas y también de viudas.

Es parte de la tradición andina tanta coquetería y color. El baile que Hernán ejecuta se asemeja a un ritual de saltos sincronizados, una coreografía que no admite error alguno o descoordinación.

Para alcanzar ese nivel de exactitud, él y su comparsa se preparan durante el año y desde 1995, con reuniones de rutina, que sirven para perfeccionar la música y sus movimientos en conjunto.

Su cuadrilla –de la que es uno de los fundadores- está compuesta por unas veinte parejas, es decir, unos cuarenta danzarines, en el que también hay niños.

Por tradición y herencia, los pequeños son los encargados de mantener el baile vivo, los que rendirán tributo a la Virgen en un futuro.

“Sin Ella, nuestra madre milagrosa, nada de esto sería posible”, admite Hernán, quien, además de danzante, es profesor de inicial en Cusco, un devoto de la “Mamacha” a prueba de balas.

Paucartambino de nacimiento, hijo de los cusqueños Patricio y Mercedes (75), es el quinto de ocho hermanos, todos con conocimientos en panadería y tres de ellos integrantes de las casas de baile Maqt’a, Qhapaq Negro y Saqra.

Su traje, que reproduce los colores vivos de un arcoíris, consta de adornos de figuras de animales andinos, incrustaciones de piedra y un escapulario.

Lleva un cetro hecho de madera torneada, que se asemeja a la vara que carga la “Mamacha”, y una máscara, accesorio que todo danzarín debe usar durante el baile.

La razón es sencilla: a la “Mamacha” no se le puede mirar con los ojos descubiertos. Quien lo hace, advierte Hernán, falta el respeto a su origen divino, una osadía que nadie espera cometer. Ni siquiera los descreídos o faltos de fe.

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