06 de Diciembre del 2015 - 19:39
Víctor Ramírez

Lea la columna de nuestro director, don Víctor Ramírez Canales.

La justicia en el Perú tiene un precio muy alto. Es lenta, costosa, impredecible y “chueca”. Camina como una tortuga, cuesta un ojo de la cara y el pueblo no confía en jueces y fiscales. Se dice que de justicia solo tiene el nombre.Cambiar esta imagen está en manos de los propios magistrados que tienen que dar ejemplo de civismo y aplicación de las leyes, sin favorecer a los que tienen poder. Da vergüenza que de Estados Unidos pidan la detención de Manuel Burga acusado de corrupto, mientras que en el Perú se le investiga hace años y nunca se le encontró nada. Si no queremos que otros países nos den lecciones de derecho, pues hagan bien el trabajo en las instancias judiciales.

Sonfrecuentes las quejas de que no se sigueeldebidoproceso.Sentencias que no hacen justicia. Sorprendentemente,hay fallos que son para llorar y otros que claramente tienen tinte mafioso como los que favorecían a las redes de Orellana y César Álvarez. Los delincuentes terminan denunciando a los policías que los capturan o a los agraviados que los acusan. Mujeres maltratadas y madres solteras que claman justicia. Para algunos jueces no existen los feminicidios y menos los abusos ni violaciones.

Todo esto hace que la credibilidad del poder judicial esté por los suelos. Las encuestas reflejan el rechazo de la población por el pésimo sistema de administraciónde justicia. Lo más grave sucedió en el Consejo Nacional de la Magistratura(CNM) donde se armó todo un escándalo en un organismo que tiene la sagrada misión denombrar magistrados y destituir a los corruptos.La ética y la justicia tienen que comenzar por casa y en la CNM se hace todo lo contrario.

Sin embargo, hay que reconocer el esfuerzo del presidente del poder judicial, Víctor Ticona y del Fiscal de la Nación, Pablo Sánchez, por acelerar los procesos judiciales implementando los juzgados para delitos en casos de flagrancia, es decir infranganti. En estas circunstancias los delincuentes son procesados y sentenciados en menos de 72 horas, como lo fue hace poco Jerson Manuel Yaya Presentación a quien se le impuso 11 años de prisión por robar un celular. Ejemplar castigo para escaperos o carteristas que intenten robar creyendo que no les va a pasar nada. Los juicios rápidos bien aplicados y respetando el debido proceso podrían ser parte de la solución.

El gran problema es que, según el gobierno, no hay presupuesto, es decir no hay plata para hacer justicia. Y sin justicia no hay democracia. Por eso es que las dictaduras lo primero que hacen es controlar el poder judicial. Lo hizo Juan Velasco, luego lo hizo Alberto Fujimori y ahora lo estamos viendo en Venezuela. Es urgente la modernización de la justicia. Que los jueces y fiscales tengan todos los medios a su alcance para dictar fallos que los hagan confiables y dignos de creer que al fin en el Perú se hace justicia. Porque justicia que tarda no es justicia.