​SIN SEGURIDAD, NO HAY DESARROLLO

​SIN SEGURIDAD, NO HAY DESARROLLO

​SIN SEGURIDAD, NO HAY DESARROLLO

21 de Noviembre del 2016 - 07:05

En los últimos meses de todos los años, la historia se repite. Ocurren sospechosos incendios que cobran vidas y cuantiosos daños materiales. Nunca hay culpables y nadie se responsabiliza por las tragedias

En los últimos meses de todos los años, la historia se repite. Ocurren sospechosos incendios que cobran vidas y cuantiosos daños materiales. Nunca hay culpables y nadie se responsabiliza por las tragedias. Los municipios y las autoridades son una nulidad en medidas de seguridad. Concurridos locales públicos y comerciales son verdaderas trampas mortales, especialmente cuando se acercan las fiestas de fin de año. Es un drama de nunca acabar.

Increíble que en plena reunión del APEC se produzca un incendio como el de Larcomar, demostrando ante el mundo la gran inseguridad que existe en el país y que nunca se aprendió la lección de la tragedia de Mesa Redonda donde se registraron 400 muertos, sin que hasta ahora hayan culpables.

Lo cierto que en el Perú no hay una cultura de prevención. La seguridad es un desastre. Nadie la toma en serio y todo es informalidad. No se respetan las normas, las alertas ni los simulacros. Se construyen viviendas en los cauces de los ríos o cerros donde no hay agua, luz, desagüe ni medios de comunicación.

Se hacen viviendas en zonas inseguras, en áreas con rocas movedizas o lugares arenosos como en Villa El Salvador o Ventanilla. Pueblos en cauces de huaycos. Lima está rodeada por cerros que han sido invadidos por grupos mafiosos para tugurizarlos. Los traficantes lotizan las partes altas de la ciudad para cobrar miles de soles por terrenos de 50, 100 ó 200 metros cuadrados, según el gusto del cliente.

Estas áreas inseguras se convierten luego en zonas populosas donde se levantan fábricas, mercados, cines, colegios, losas deportivas, coliseos, discotecas, bailódromos donde campea la inseguridad. En caso de un desastre nadie se salva o las víctimas y daños materiales serían cuantiosos. Y la autoridad, bien gracias.

Mucha gente se ha acostumbrado a vivir en medio del caos y la informalidad. Así es como se expone al peligro a la población y se fomenta la delincuencia y la corrupción. Esta mala manera de vivir se tiene que cortar de raíz a través de la educación y el respeto a las leyes. Después de lo sucedido en Larcomar, se podría decir que no hay nada seguro en el país.

Ya se ha dicho que hasta el mismo Congreso de la República es un lugar inseguro. En caso de un incendio o un terremoto nadie sabe cómo actuar. No se actualizan ni se ponen en práctica los protocolos de seguridad. En lo que va del año han ocurrido terribles incendios en diversos lugares de Lima y han muerto hasta bomberos en su afán de controlar los siniestros para evitar la pérdida de más vidas.

Por lo que se ve, nada se ha aprendido a raíz de la inmolación de los bomberos en el incendio de una fábrica junto con el almacén de medicinas del Ministerio de Salud, en El Agustino, en una noche del 18 de octubre. Casi al mes, se produce el siniestro del cine en Larcomar y se repite la negligencia de siempre: no habían medidas de seguridad y encima faltaba el agua.

De nada sirve que tras la tragedia, salga el Presidente de la República a expresar sus condolencias a los deudos de las víctimas y prometer una “profunda” investigación. Desde las tragedias del Mercado Central, Polvos Azules, Mesa Redonda y tantos otros se han prometido investigaciones y todo sigue de mal en peor. Solo cuando hay un desastre todos se tiran la pelota y juegan el gran bonetón. Si no se cambia de mentalidad, las desgracias nos seguirán arruinando la vida. En resumen, sino hay seguridad, no hay desarrollo.

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