Colombiano hace patria en el Perú

Colombiano hace patria en el Perú

Colombiano hace patria en el Perú

12 de Octubre del 2016 - 00:00

Enfrentó a las FARC y ahora es el sustento de varias familias

Llegó a Piura hace 15 años en donde formó una familia, y protagoniza, además, una historia de emprendimiento que si bien no lleva una vida de lujos, para él es suficiente para sacarlos adelante, pese a que la tierra que le dio la oportunidad le hizo vivir una desagradable experiencia.

Se trata del colombiano José Mauricio Quino, nacido en una familia de campesinos y ganaderos en Huila, Neiva, hace 41 años, quien al terminar su educación secundaria vistió el uniforme de su país y enfrentó en su momento a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

José Mauricio conversó con OJOy nos contó su historia, los problemas y otras situaciones que tuvo que superar para salir adelante, y el momento que fue detenido por la Policía que lo presentó engrilletado confundiéndolo con otros colombianos que actúan al margen de la ley.

Historia de lucha. Cuenta que de niño se dedicaba a recoger café, a participar en la molienda de la caña y a cuidar el ganado que tenían sus abuelos.

“Trabajé en una imprenta pero lo dejé porque tuve que prestar servicio militar a los 18 años, en donde me tocó enfrentar a la guerrilla en la ciudad de Florencia, departamento del Caquetá”, recuerda José.

Terminó el servicio militar y retomó su trabajo en la imprenta donde ascendió hasta prensista. Pero al darse cuenta que lo suyo era el comercio, comenzó vendiendo queques en su mismo centro de trabajo y luego optó por asociarse con un amigo de Cúcuta y emprender el negocio del calzado.

Aprovechando que una de sus hermanas se casó con un peruano, le pidió que lo traiga a Piura en donde conoció a la que hoy es su esposa, María del Pilar Zapata López. “Recuerdo que fue un 20 de diciembre del 99 que salía por primera vez de Colombia”, menciona José Mauricio.

Acá trabajó en una distribuidora de pollo, pero al ver que el sueldo no compensaba el agotador trabajo que realizaba desde la madrugada hasta la tarde, decidió cambiar de rubro y trabajó por un tiempo con unos paisanos suyos vendiendo roperos hechos a mano.

“El 2001 me cogió la Policía por documentos y me llevaron a Seguridad del Estado y allí el jefe que era un comandante me quería deportar. Pero llegó la jefa de Migraciones y le dijo al oficial que no me podían deportar porque, según las leyes, no podían desamparar a una familia”, narró Mauricio.

“Lo que pasa es que en ese tiempo mi señora ya estaba esperando a mi hija Nicole Katherie, y eso impidió que me deportaran. Lo que sí tuve que hacer es pagar la multa por haber estado ilegalmente en el país”.

Negociante. Después se independizó y emprendió el negocio de los roperos con su esposa el cual ofrecieron en Ecuador.

De Ecuador optaron por ir a Argentina en 2009, en donde -según cuenta- les fue muy bien hasta 2012, en que llegó al poder la presidenta Cristina Fernández, y con ella el aumento de la inflación.

Decidieron retornar a Piura, pero el negocio de los roperos tuvieron que cambiarlo “porque acá no se valoraba la calidad del trabajo y los piuranos regateaban mucho el precio”.

Mala experiencia. En Piura comenzaron lo que ahora es el negocio que los sustenta: Inversión y Negocios Generales Ecol Perú EIRL, que se dedidca a la venta de arroz y azúcar a comerciantes del mercado, y tuvieron que adicionarle el préstamo de dinero.

“La misma gente me dijo entonces por qué no les prestaba dinero para comprar otros productos y devolverlos diariamente y acordamos con mi señora constituir la empresa con toda la documentación”, cuenta José Mauricio.

Hace más de un mes, la Policía lo intervino y lo presentó a la prensa como una persona al margen de la ley. Sin embargo, fue liberado a las pocas horas porque no había cometido ningún delito. Esta mala actuación de la Policía le hizo pasar malos momentos no solo a él sino también a sus hijos en su colegio.

“El escándalo que me hicieron no ha sido fácil de sobrellevar. A las autoridades pido que den buen trato a las personas y si ya las intervinieron una vez y tienen sus datos no lo hagan nuevamente, deben primero investigar antes de hacerles un daño moral y sicológico”, acotó José, quien supera el mal rato y se dedica a trabajar para su familia.

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