El desafío de estudiar en la frontera

El desafío de estudiar en la frontera

El desafío de estudiar en la frontera

20 de Abril del 2017 - 00:00

En el colegio Padre Medardo André de Putumayo, en Loreto, los estudiantes deben vencer la barrera de la distancia

En posición de firmes y con las manos puestas sobre el pecho, en el corazón, los alumnos de la Institución Educativa 60092 Padre Medardo André, en el distrito de San Antonio de El Estrecho, provincia del Putumayo, en Iquitos - Loreto, empiezan a entonar, a viva voz, el Himno Nacional del Perú.

El enérgico canto demuestra que en esta escuela, ubicada en zona de frontera con Colombia, se respira peruanidad, pese a la carencia que presenta en su equipamiento y al periplo que deben pasar los maestros para llevar conocimientos a los estudiantes de primaria y secundaria.

LEJANÍA. “En el área amazónica no existen carreteras. Las carreteras son los ríos”, comenta el general FAP Roberth Bravo Valera, del Ala Aérea N°04. Por esta razón, hasta antes de 2010, la única forma de llegar al pueblo de Putumayo, donde se sitúa el colegio, era por vía fluvial y tardaba unos 15 días.

Esto cambia cuando la Fuerza Aérea del Perú (FAP) adquiere aeronaves y empieza a realizar vuelos de acción cívica desde Iquitos. “El medio aéreo se convierte en el vector más importante de integración y desarrollo”, dice.

No obstante, la falta de otras opciones para acceder a la zona es una de las principales dificultades que atraviesan los maestros provenientes de otras regiones o sectores de Loreto, según el director de la institución, José Magipo Mozombite.

“Son 15 los profesores que vienen de otros lugares, lo hacen por vocación y servicio, pero deben pagar por viaje 185 soles”, refiere.

VOCACIÓN. Este alto costo afecta a docentes como Nilda Shupingagua Silva, quien cada año deja a su familia en Iquitos, a fin de instalarse en Putumayo y dictar sus clases de Matemática. “Cuando tengo una necesidad, de salud, familiar o trámites, debo salir hacia la ciudad y realizar ese gasto”, explica.

Pese a este inconveniente, considera que trabajar en una zona fronteriza, en la que solo el río Putumayo separa el territorio peruano del pueblo Marandúa de Colombia, es grato y fortificante.

Por otro lado, señala que debido a la lejanía a los 505 alumnos de primaria y 347 de secundaria les hace falta materiales para su educación. “Si bien se recibe apoyo del Estado, no es suficiente”, acota.

Además de no tener acceso a agua potable y la falta de un profesor de ingles, Edgar Gutiérrez Espinoza, alcalde escolar del colegio, manifiesta que existe una brecha importante entre ellos y otros escolares del país en el uso de la tecnología, pues carecen de salas de cómputo.

“Los niños acaban primaria sin saber manipular una computadora. Esta institución es la mejor de la provincia, imagine cómo es la situación en otras que están más alejadas”, cuestiona el estudiante.

Para contribuir en la mejora de ese panorama, la Fundación Telefónica hizo entrega a la institución de su proyecto “Aula Móvil”, que consta de una estación portátil, una computadora que funciona como servidor de red, recursos educativos, monitor, proyector multimedia y parlantes.

Aunque se trata de un aporte significativo, el director Magipo Mozombite pidió a los peruanos apoyar al crecimiento de la localidad. La misma petición hicieron los más pequeños, con un mensaje breve y sincero escrito en una cartulina: “Los niños hacemos patria en la frontera, necesitamos apoyo”.