Guardianes de los niños

Guardianes  de los niños

Guardianes de los niños

24 de Noviembre del 2016 - 00:00

pnp brinda educación, alimentación y talleres a más de 50 menores

“Qispisqañam kachkanchik wiñaypaq Kananchik wiñaypaq... (somos libres, seámoslo siempre...)”. A todo pulmón, Miyasiro, de 12 años, entona el Himno Nacional en quechua. Quien no lo observa ni lo conoce, no imagina que aquella potente voz proviene de un niño de contextura delgada y risueña sonrisa. Aunque aparenta tener menos edad de lo que señala su partida de nacimiento, el menor ya ha aprendido la técnica de repujado en cuero para confeccionar todo tipo de zapatos.

Mientras canta el himno en su lengua natal, parece recordar a los suyos; a su familia que, en febrero de este año, dejó en Abancay (Apurímac) para anclar en la capital en busca del ansiado y tantas veces citado “futuro mejor”. Y lo encontró o al menos está en camino.

Miyasiro es uno de los 50 niños que alberga el Centro de Educación Técnico Productivo San Martín de Porres (Cetpro SMP) en su discreta sede, en el jirón Puno 412, Cercado de Lima, que se confunde entre casonas y negocios y pasa desapercibida por ajetreados peatones. Está bajo la administración de la Dirección de Protección del Niño, Niña y Adolescente (Dirpronna) de la Policía Nacional.

HOGAR. El local de tres pisos construido de material noble aloja a niños y adolescentes varones, entre los 11 y 17 años de edad, de extrema pobreza, procedentes de Ayacucho, Abancay, Arequipa, Cusco, Vraem, y de la periferia de Lima.

El coronel Augusto Soto Carbonel, director de la Dirpronna, cuenta que un equipo especial de efectivos recorre los rincones del país para seleccionar a menores que ostentan numerosos sueños, pero no tienen las condiciones para cumplirlos. Es así que con autorización de sus padres, Eloy, de 14 años, dejó su entrañable Cusco y aprendió por primera vez en el Cetpro SMP cómo manejar una computadora.

Educación. Escoltados por un equipo de 17 policías y siete profesores del Ministerio de Educación, los menores reciben alimentación, alojamiento, continuidad en su educación y atención psicosocial.

Sumado a ello son capacitados en 7 talleres (textil, computación, pastelería y cocina, cuero y calzado, soldadura, carpintería y ebanistería). “Volveré a mi tierra y seré el mejor chef”, dice Luis (13) y al igual que él todos sus compañeros aspiran a aprovechar lo aprendido y forjarse una propia historia.

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