"Nunca quise dar pena": expolicía que perdió la vista por una granada lanza autobiografía

"Nunca quise dar pena": expolicía que perdió la vista por una granada lanza autobiografía

"Nunca quise dar pena": expolicía que perdió la vista por una granada lanza autobiografía

03 de Agosto del 2017 - 15:51
Cris Vílchez

A los 20 años, una granada le explotó en la mano dejándolo ciego y sin muñeca derecha

Carlos Serván (51), el cuarto de ocho hermanos, vio truncados sus sueños de ser general de la Policía Nacional la mañana del 1 de abril de 1986 cuando una granada de guerra explotó en su mano dejándolo ciego y sin muñeca derecha, mientras patrullaba el fundo Barbadillo, ahora Diroes, en Ate.

“Estaba patrullando y en eso pateo algo que rueda. Me pareció raro porque no tenía forma de piedra. Estaba cubierto con barro, lo levanté y cuando lo estoy apreciando, me doy cuenta que es una granada y explota en mi mano”, narra con voz firme Serván, esposo y padre de dos hijos, así como subdirector de la Comisión a favor de las personas ciegas y con deficiencia visual en Lincoln (Nebraska).

“Pensé que me había muerto. Después creí que podía recuperar la vista, pero cuando supe que no sería posible, sentí mucha pena de no poder ser detective. Pero me dije: ‘He visto gente con limitaciones físicas productivos e independientes. Quiero ser como ellos, no quiero dar pena’”, continúa Carlos, sentado en un sillón en la casa de su suegra en el distrito del Rímac.

RETOS. 

Persistente, como todo muchacho de 20 años, viajó a Estados Unidos para ser operado. La intervención no fue exitosa, así que regresó al Perú creyendo poder reinsertarse en la Policía en labores administrativas. “La Policía y su burocracia tienen sus reglamentos y me dijeron que para ser policía activo debía cumplir ciertas características físicas, y una vez más quedé fuera”, recuerda.

Pensando dejar todo atrás, retornó a EE.UU. y se presentó ante la Federación de Ciegos. “Me preguntaron: ‘¿Qué quisieras ser si no fueras ciego, a parte de policía? Respondí: ‘administrador’. Me hicieron pruebas y luego me dieron una máquina de escribir para que practique. Era diestro, y ahora la única mano que me servía era la izquierda, así que empecé con mi nuevo sistema. Aprendí, también inglés... Y, años después ingresé a la escuela de leyes de la Universidad de Nuevo México”, cuenta Serván mientras en su rostro se dibuja una sonrisa.

Sostiene que la vida luchadora de sus padres, la muerte en combate de sus excompañeros de la Policía, el trabajo que hacía de joven (vendía zapatillas y marcianos, y cubría los huecos de la pistas), le dieron valor para enfrentar esta nueva etapa.

“De mi promoción de la Escuela de Oficiales de la Policía de Investigaciones del Perú fallecieron muchos durante la guerra con Sendero Luminoso. Se me caen las lágrimas saber que podía haberme pasado a mí. Así que me dije: ‘Ellos no están muriendo en vano, debo salir adelante, valerme por mí mismo’”, subraya el exoficial.

AUTOBIOGRAFÍA. 

Ya con una vida lograda y tras escuchar las sugerencias de sus amigos, Carlos Serván decidió contar su historia de vida en el libro “Volver a correr” (La nave), donde relata la constancia y esfuerzo en su lucha por alcanzar sus sueños, pese a su limitación física.

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