Olvidados en la región más pobre del Perú

Olvidados  en la región más pobre del Perú

Olvidados en la región más pobre del Perú

12 de Enero del 2017 - 00:00

El asilo SANTA TERESA DE JORNET ALBERGA A 75 ANCIANOS en Huancavelica

Muchas personas de buen corazón visitan y vuelven al asilo Santa Teresa de Jornet de Huancavelica; sin embargo, solo las heroínas que lo atienden deciden no salir nunca de allí.

Y es que a decir de sor Julia Berrú Barranzuela, religiosa de la Congregación de los Ancianos Desamparados, no hay un solo día con tranquilidad en el asilo del barrio de la Ascensión, que alberga a 75 ancianos de la región más pobre del Perú, Huancavelica.

Estos ancianitos, despreciados por sus familias y la sociedad, pero acogidos en este generoso recinto, piden al presidente Pedro Pablo Kuczynski y a los congresistas les donen pañales, pues el presupuesto que tienen nunca alcanza para atender todas sus necesidades.

Para las religiosas no hay un día libre y no hay hora de relajo, su prioridad siempre serán los “cabecitas blancas”, velar a toda hora que tengan calidad de vida y amor en el trato, que en muchas ocasiones les son negados por sus propios familiares.

“Hay ancianos que vienen de las alturas, muchos llegan sucios, con uñas largas, había casos en los que tardaron muchos meses en quitarles toda la roña que traen en sus vetustos cuerpos. Los males que les afectan son varios, Alzheimer, esquizofrenia, demencia senil, violencia”, evoca sor Julia.

NECESIDADES. Este asilo alberga a las personas más necesitadas y abandonadas de la región más pobre del Perú.

“Los internos del asilo lo han perdido todo, dinero, propiedades, dientes, familias, salud, belleza, vista, oído, caminan con torpeza y dificultad, lo han perdido todo, excepto el amor de Dios, que nos puso a nosotras para atenderlos, pero necesitan de la caridad del mundo”, afirmó la religiosa.

Ellos urgen de productos de limpieza, detergente, jabón, champú, pero sobre todo pañales. Otra necesidad es la de tener un geriatra en Huancavelica, ya que no tienen el trato de un especialista en ningún hospital en toda la región.

“Una vez un doctor me dijo, ‘madre, ¿para qué lo trae?, ya tiene 90 años’, eso me dejó muy indignada; con mucha indignación le dije, ‘lo traigo para que muera, pero con calidad de vida, porque por una vida hay que luchar hasta el final´”, evocó con tristeza.

NO DUERMEN. Aquí no se duerme, pero para dar una idea de la rutina, a las 4 de la mañana, las 8 religiosas se levantan para cargar pilas con mucha oración.

A las 7.00 horas, los ancianos comienzan a levantarse para ir a misa, muchos requieren ayuda para cambiarlos, bañarlos y asearlos.

Hora y media después, comienzan a dar el desayuno, que por cada anciano dura media hora. Sin embargo, otros se alimentan a través de sondas y otros no tienen la movilidad necesaria para llevarse los alimentos a la boca, entonces, toma más tiempo ayudarlos a comer.

Hay días que luego de la misa vienen de salud mental o practicantes de la universidad, quienes pasan con los ancianitos un tiempo de oro, hacen ejercicios, manualidades, terapia física; lastimosamente no es a diario.

El reloj marca las 11.00 horas y comienza la hora del almuerzo, los primeros en ser alimentados son los que comen licuados, por sonda y el grupo que tiene paraplejia, luego vienen los que pueden conducirse por sí solos, pero hay que vigilarlos, esta actividad dura más de dos horas.

Tras el almuerzo toman una reparadora siesta; las actividades continúan con el rezo del santo rosario y la exposición del Santísimo, que muchos ancianitos la viven con emoción.

Desde las cuatro de la tarde comienza por tres largas horas la rutina de la cena. A las 7 de la noche hay que acostarlos, ni aun así llega la tranquilidad.

Las religiosas se turnan para pasar una visita por la morada de los ancianos a las 10.00, 12.00 de la noche y a las 4.00 de la mañana, no falta alguno que se destape, se haya caído de la cama, esté con la presión alta o enfermo de cualquier achaque de la edad, entonces queda llamar a SAMU sea la hora que sea, para aliviar el dolor del ser humano.

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