​¡Picantera por tradición! La historia de "Benita" te inspirará...

​¡Picantera por tradición! La historia de "Benita" te inspirará...

​¡Picantera por tradición! La historia de "Benita" te inspirará... | Fotografía: Grupo Epensa - Yodashira Pérez

24 de Julio del 2017 - 17:28
Marjorie Aguilar

Benita pertenece a la séptima generación de una familia arequipeña dedicada a la cocina

Las picanterías y chicherías del Perú fueron declaradas Patrimonio Cultural de la Nación gracias a la investigadora Isabel Álvarez y al apoyo de la comunidad de mujeres que se dedica a este arte. Arequipa fue incluido entre los departamentos reconocidos. Benita Quicaño, picantera de corazón y dueña del local La Benita de Characato en la Ciudad Blanca, continúa con las sabias enseñanzas de su abuela y su madre.

TRADICIÓN. Benita es la única de sus siete hermanas que se dedica al mundo culinario. Nos cuenta que, desde los 10 años se refugió en la cocina tradicional de su abuela para aprender sus técnicas en la preparación de platos, como el pepián con chicharrón o el rocoto relleno con pastel de papa. Su rutina inicia a las 7 a.m. de lunes a viernes y los fines de semana a las 4 a.m. Los días más ocupados son los sábados y domingos debido a la visita de personas locales y extranjeras que buscan sentir la esencia de un hogar junto al calor de su cocina de leña.

“Cuando yo cocino, pienso que lo que ofrezco es para mi familia”, comenta Benita con mucho amor. Levantar un negocio no es algo que cualquiera puede hacer. Disciplina y dedicación forman la base del éxito de esta picantería de antaño que hoy en día conserva el mismo sabor que cuando se inauguró. “Para hacer un buen adobo es necesario cocinarlo por varias horas. Algunas personas apuran el fuego para sacar rápido la comida y vender. Sin embargo, yo me tomo el tiempo para sacar algo delicioso”, cuenta Benita con orgullo.

LUCHADORA. Ella, como muchas mujeres, no necesitó de un hombre para sacar adelante a sus hijos. “Siempre estuve acostumbrada a trabajar sola”, indica Benita. Crió a sus tres hijos para que sean hombres de bien y su mayor satisfacción fue haberles impartido una correcta educación. A la par de cumplir con su labor de madre, ella estuvo dedicada en la lucha por revalorizar el patrimonio ancestral de las picanterías. “Ahora, con la ley de las picanterías, hay más unión entre nuestra comunidad, solo falta que se unan los otros departamentos”, menciona Benita con mucho entusiasmo.

PROYECCIÓN. Las tres décadas que ha invertido para crear su negocio le están pasando factura a sus 74 años. Hace cinco años tenía pensado cerrar su picantería debido a que sus brazos y piernas se debilitaron por una enfermedad. Esta situación obligó a su hijo Roger a tomar las riendas del negocio. En el mundo de las picanterías no es bien visto que un hombre maneje el negocio, ya que son las mujeres quienes deben estar en la cocina. Esta creencia quedó arraigada en Benita; no obstante, los tiempos han cambiado y ahora solo acepta su decisión.

“Yo jamás incluí a mis hijos en la cocina. La imagen de una picantería son las mujeres, ellos solo administraban. Pero por culpa de Gastón Acurio mi segundo hijo Roger se inclinó por la cocina y ahora está por abrir su segundo local”, menciona entre risas.

Es probable que cuando Benita deje este mundo, su local cierre, ya que el negocio nace y muere con su jefa de cocina; sin embargo, ella está tranquila porque sabe que su hijo continuará con la herencia gastronómica.

EL DATO:

Benita Quicaño aprendió a cocinar de niña junto a su abuela.

“Hay que cocinar como para nuestra familia. Solo así salen bien ricos nuestros platillos”, sostuvo. 

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