En la década de 1980, durante la guerra contra el terrorismo, era enfermero de la Marina de Guerra del Perú y se internaba en la selva por semanas, cargando pesadas mochilas, para atender a sus compañeros y enfrentarse a . Hoy, ya retirado, este chiclayano de nacimiento, pero chalaco de corazón, sigue en pie y luchando contra otro enemigo.

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Ahora, se enfrenta con lavendiendo oxígeno medicinal-medicamento esencial para el tratamiento contra el virus- a un precio justo. Pero esta guerra tiene otro frente.

El llamado “Ángel del Oxígeno” debe enfrentarse, además, a las mafias que se aprovechan de sus bajos precios para revender esta medicina hasta diez veces más. Para frenar a los inescrupulosos, este empresario de buen corazón decidió cerrar el jueves su local -generando especulaciones-, pero el viernes lo reabrió. Hoy, su local tiene custodia policial, un control más estricto y la Fiscalía revisa las recetas.

“Muchas eran falsas”, denuncia sin temor. “Hay unos diez policías y se llevará un control, a través de planillones, y se hará seguimiento”, indica Barsallo tras precisar que la empresa que lo abastece exporta el oxígeno y solo les puede vender la mitad y eso complica la distribución al público. “Tenemos que cumplir los contratos con el Minsa y EsSalud. Por eso, ya no podemos vender 200 cilindros al día, sino solo 50 o 60”.

MAFIAS

“No queremos que el oxígeno caiga en manos del mercado negro, sino de quien lo necesita”, añade. La situación es peor en otros distribuidores. Ya no venden al público, solo a hospitales.

El último miércoles, con la experiencia adquirida en la primera ola, detectó que en la fila de 200 personas que madrugaban para abastecerse en el local de Criogas, en el Callao, unos 40 eran revendedores. No le tembló la mano, las sacó de la cola y se negó a venderles. Eso le valió amenazas, a las que -asegura- no tiene miedo.

“He estado 25 años en la Marina. Fui enfermero militar cuando se desató el terrorismo en 1980. Yo he luchado en esa época y ahora tengo que luchar contra las mafias del oxígeno, pero no me van a amedrentar”, cuenta a OJO.

A Luis se le infla el pecho de emoción cuando le dicen que es un “Ángel...”, pues siente que ha continuado el legado de su padre Franklin, a quien le decían “El Angelito” por ayudar a sus vecinos de Chiclayo.

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