Judíos insisten en asesinar salvajemente a gallos por su religión

El sacrificio de un gallo en Yom Kipur sigue a pesar de las quejas de defensores de animales

Judíos insisten en asesinar salvajemente a gallos por su religión

Elías L. Benarroch. EFE

Miles de judíos llevan a cabo para el Yom Kipur el ancestral ritual de la expiación mediante el sacrificio de un gallo o de una gallina, una ceremonia que pierde fuelle frente a usos más modernos y las crecientes quejas de los defensores de los animales.
La ancestral costumbre, que se remonta según algunos a los sacrificios en el Templo de Jerusalén y según otros al mundo de las supersticiones en la temprana Edad Media, consiste en degollar a un ave para que se lleve los malos augurios y sirva de expiación a los pecados del año transcurrido.
"La idea es que todos los pecados pasen al animal", dice a Efe un pelirrojo Israel, tras realizar hoy el ritual por el que el 'shojet' (matarife capacitado por el rabinato) coge al ave por las alas y, antes de pasarle hábilmente por el cuello un afilado cuchillo, pronuncia tres veces la ancestral oración.
"Este es mi sustituto, éste es mi cambio, ésta es mi expiación, este gallo/gallina será degollado y yo seré sellado para la vida buena y la paz", canturrea bien el creyente, o bien el matarife, en una breve ceremonia que éste último repite estos días cientos de veces mientras pasa el ave por encima de la cabeza de su cliente en medio de un incesante cacareo.
Una costumbre que hace ya siglos despertó la oposición de los sabios más prestigiosos del judaísmo, entre ellos los sefardíes Maimónides -a quien le parecía "obra del emoreo" (eufemismo para idolatría)- y Yosef Caro -que exhortó a abolirla en su obra maestra "Shulján Aruj", vademécum de la práctica judía desde el siglo XVI-.
"Es una tradición de miles de años, y sabemos que se puede hacer el rito de otras formas -con dinero o pescado, entre ellas- pero así lo hacían nuestros padres y nuestros abuelos", se justifica el también ortodoxo Shmuel, que ha sacrificado hoy su ave en la zona de mercado del barrio ultraortodoxo de Mea Shearim.
Un ave por cada miembro de la familia, prescribe la tradición; gallo o gallina según el sexo; dos -uno de cada uno- para el caso de un embarazo, incluso si se conoce de antemano el sexo del bebé.
El Yom Kipur, el día más sagrado del calendario hebreo y que se celebra a partir de mañana por la noche, es la jornada de expiación en la que los creyentes piden perdón a dios por sus ofensas (por las realizadas a otras personas deben pedirle perdón a ellas) y que les inscriba en el libro de la vida.
Para someterse al juicio divino lo más puro posible, observan un estricto ayuno de 26 horas, acuden en masa a las sinagogas y visten calzado de lona en señal de humildad.
La llamadas "kaparot" (expiaciones), así como los multitudinarios rezos nocturnos en las sinagogas y ante el Muro de las Lamentaciones en los díez días anteriores, forman parte de una costumbre que a muchos les cuesta abolir.
Y es que frente a tradiciones milenarias, en la conservadora Jerusalén de poco sirven las recomendaciones de grandes rabinos, oenegés o del Ministerio de Agricultura, que en las últimas dos semanas lleva a cabo una campaña para que se sustituya por la donación a los pobres.
"Hace ya cinco años que estamos en el gallinero, a la espera de lo inevitable", dice un gallo en un corto animado difundido constantemente por televisión, radio e internet.
Tras exponer la angustia dentro del gallinero, un ave a punto de ser sacrificada se rebela y alza la voz por los derechos de los animales, proclamando a gritos: "Yom Kipur es un día de responsabilidad mutua. ¡Este año hacemos la expiación con dinero!".
Un anuncio que los principales medios ultraortodoxos se han negado a publicar, lo que ha obligado al Ministerio a colgar grandes carteles por todos sus barrios, informó hoy el diario Israel Hayom.
El anuncio incluye una cita del "Shulján Aruj" a favor de la donación con dinero y, en su versión digital, también un link en el que se advierte de los peligros para la sanidad pública de realizar el ceremonial en espacios públicos no autorizados.
El Ministerio, así como distintas oenegés, subrayan además el sufrimiento de las hacinadas aves en las jaulas de los mercados a la espera de ser sacrificadas, a veces tras largas horas al sol.
El domingo una decena de activistas asaltaron un seminario rabínico de la ciudad de Ashdod, al sur de Tel Aviv, y arrojaron agua a las jaulas para refrescar a los animales, en una muestra de protesta de un grupo ecologista.
Como alternativa extrema a los más intransigentes, se les propone cumplir el ritual con un pollo de plástico, aunque el más progresista movimiento internacional Jabad Lubavitch, de corte ultraortodoxo mesiánico, apela desde hace años a todos los creyentes dejándoles en su buzón un sobre de donación.
Eso sí, como no podía ser de otra manera, con la tradicional e ineludible imagen de un gallo en la cara frontal.

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