Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.
El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.
Hoy te cuento la historia de Rosa, de 34 años, que nos escribe desde San Juan de Lurigancho.
Doctora Magaly, llevo siete años con mi esposo y tenemos una hija de cinco. Siempre nos hemos apoyado, al menos eso creía. Él tenía un trabajo fijo y yo hacía cachuelos desde casa, vendiendo cosas por catálogo. No nos sobraba el dinero, pero alcanzaba para vivir tranquilos.
Desde hace unos meses todo cambió. Perdió su trabajo y al inicio lo entendí, porque sé que no es fácil. Pero lo que me empezó a preocupar fue su actitud. Se levantaba tarde, no buscaba trabajo en serio y cada vez que le decía algo, me respondía que ya iba a salir algo, que no lo presione. Mientras tanto, los recibos seguían llegando.
He tenido que asumir casi todo: comida, luz, agua y colegio de la niña. He vendido mis cosas, he pedido prestado y hasta he dejado de comprarme algunas cosas para que no falte la comida en la casa. Lo más duro es que él no parece darse cuenta del peso que estoy cargando. Se pasa horas en el celular o sale “a ver opciones” y regresa igual.
Esto me tiene agotada y también resentida. No es solo el dinero, es sentir que estoy sola en esto. Me duele verlo así, pero también me molesta que no reaccione. A veces quiero decirle todo lo que siento, pero me freno porque no quiero humillarlo ni hacerlo sentir menos como hombre.
Ahora no sé qué hacer. No quiero que mi hija crezca viendo esta situación como algo normal, pero tampoco quiero romper mi familia. Necesito que él despierte, pero no sé cómo decirlo. Necesito su consejo.
CONSEJO
Rosa, lo que estás viviendo no se trata solo de dinero, sino es responsabilidad compartida en tu familia. Hablar sobre cómo te está afectando la situación es necesario y urgente. También es válido poner límites si no hay cambios. A veces, enfrentar la realidad, aunque sea incómoda, es lo único que mueve a la otra persona a reaccionar. Suerte.