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A los 194 años de la fundación de la  por el libertador José de San Martín, su antigua sede central de la avenida Abancay guarda en sus rincones trozos de la historia de nuestro país, pero también avanza para convertirse en un centro cultural de puertas abiertas para el pueblo, en la línea de lo que pretendía su exdirector Jorge Basadre.

Con la inauguración del nuevo y moderno local de la Biblioteca Nacional del Perú (BNP) en San Borja, el 27 de marzo de 2006, y convertida la sede del Centro Histórico en la Biblioteca Pública de Lima (BPL), muchos pensaron que esta última iría camino a su desaparición.

Sin embargo, la BPL tomó mayor vitalidad, al ponerse en marcha programas para fomentar la lectura entre niños, escolares, estudiantes y la población en general.

A los niños, en ambientes vistosos y coloridos, se los ve con sus padres y maestros quienes los inician en la lectura. En la sala infantil, los niños de 3 a 6 años toman contacto con los libros y los de 7 a 11 años participan de jornadas de lectura avanzada.

AVANCE. En la sala para invidentes y personas con problemas visuales -gratuita como todas las otras salas de la BNP, porque el carné es gratis- se ofrece textos en sistema Braille, libros hablados en archivos de audio y computadoras con acceso al programa Jaws que convierte el contenido de la pantalla en sonidos, mientras que personas de buena voluntad y con vocación de servicio leen en voz alta, dictan o apoyan en el estudio a usuarios que lo necesitan.

Además, los escolares que no van a consultar libros tienen ambientes para hacer sus tareas, a los que acceden gratuitamente y sin necesidad de contar con carné.

Quienes desean leer tienen acceso a libros catalogados en computadoras para saber dónde están: en la sede de la BPL del Centro Histórico de Lima o en las bibliotecas públicas descentralizadas de Comas, Rímac, Breña, La Victoria y El Agustino, polos de difusión cultural.

La biblioteca busca acercarse cada vez más a la gente, sobre todo a quienes carecen de recursos y también tienen hambre de conocimiento. Y esto no es nuevo, aunque la actual administración del historiador Ramón Mujica Pinilla le haya puesto más empeño a la descentralización de los servicios y al acceso a publicaciones. Fue Jorge Basadre, director de la Biblioteca Nacional tras el devastador incendio del 10 de mayo de 1943, quien impulsó a las bibliotecas públicas y el recordado “bibliobús” que iba a fábricas de la época para llevar obras a los trabajadores.

ANTES Y DESPUÉS. “Con Basadre tenemos un antes y un después, no solo porque impulsó a la bibliotecología y reconstruyó a la Biblioteca Nacional, sino también por su concepción de la biblioteca en su dimensión social”, refiere Benjamín Blass, funcionario de la BNP y conocedor de la historia de este monumento nacional.

Basadre creó la Escuela Nacional de Bibliotecarios en 1944 y, como el “Padre de la Bibliotecología Peruana”, sentó las bases del actual trabajo científico en las bibliotecas públicas del Perú.

Blass recuerda que la Biblioteca Nacional se inauguró en el actual local de la BPL, el 17 de setiembre de 1822 con el clérigo Mariano José de Arce como director. La biblioteca iniciaba una vida difícil como la del Perú, pero esperanzada como hasta hoy de convertirse en foco difusor de la cultura y el conocimiento que hará libres a los peruanos.

ALGO MÁS

Al inaugurarse en 1822, en el local del Colegio Máximo de San Pablo, la Biblioteca Nacional del Perú tenía 11 mil 256 volúmenes de la antigua biblioteca de los jesuitas.

Entre 1881 y 1883, Chile robó miles de libros y usó a la Biblioteca Nacional como caballeriza. Aunque luego devolvió algunas publicaciones, muchas siguen en Chile.

En 1883, Ricardo Palma fue nombrado director de la BNP y como “El bibliotecario mendigo” consiguió donaciones. En 1912, Manuel Gonzales Prada tomó la dirección.

CIFRA

600

volúmenes donó don José de San Martín para la Biblioteca Nacional del Perú que fundó.