Señor de los Milagros, "líbranos de la delincuencia" [FOTOS]

Señor de los Milagros, "líbranos de la delincuencia" [FOTOS]

Señor de los Milagros, "líbranos de la delincuencia" [FOTOS]

02 de Octubre del 2016 - 11:40
» Textos:

Devotos acudieron a la primera salida de la procesión del Señor de los Milagros y pidieron por mayor seguridad en el país y que el Presidente trabaje por los más necesitados.

Los rostros de miles de creyentes enrojecieron, anunciando un llanto de felicidad y devoción, cuando vieron salir la imagen del Señor de los Milagros, en su habitual anda y por primera vez en este mes, desde el Monasterio de las Nazarenas.

Mientras lágrimas caían sobre la piel de jóvenes y ancianos, en un acto masivo de fe, la multitud alzó las manos para recibir y acompañar la primera de las cinco procesiones que se darán en Lima este año.

En un principio, la mañana estuvo fría. Los creyentes, sobre todo los niños y las personas de la tercera edad, se abrigaban bajo hábitos morados. En la iglesia de las Nazarenas se daba la primera misa, cerca de las 11 de la mañana, preparando la tradicional caminata de la sagrada imagen. El calor de la gente iba en aumento ante la expectativa de volver a mirar, un año más, a la figura religiosa que congrega a familias enteras, que no deja a nadie en la soledad, que consigue enfrentar cualquier desgracia.

Pasado el mediodía, las puertas del Monasterio se abrieron. A paso lento, con el mayor cuidado posible, los cargadores de la Hermandad alzaron al Señor de los Milagros y avanzaron al encuentro de sus hermanos. El incienso y el sahumerio envolvían a las personas, los arropaban en un aroma de esperanza.

PEDIDOS. “Cuando tú le pides algo de corazón, él te lo cumple. El Señor es muy bueno”, dice una mujer a un familiar a través de su celular.

Salud, trabajo, seguridad ciudadana, mejor educación, buenos gobernantes, el regreso de los valores perdidos. Esos son algunos de los anhelos que, con fervor, los creyentes pedían al Señor de los Milagros.

Desde temprano, los fieles se reunieron en los exteriores de Las Nazarenas. Los ancianos conformaron el mayor público en el recorrido. Ellos soportan el dolor físico de sus enfermedades para no faltar a una de las principales tradiciones limeñas y peruanas.

Rosa Vega tiene 66 años y desde hace más de medio siglo que asiste a las procesiones. Ella está junto a su madre, que es octogenaria y está en una silla de ruedas.

“Yo empecé a venir desde que tenía ocho años. Mi papá y mi mamá me traían. Ahora yo vengo con ella y la ayudo porque no puede caminar bien”, dice Rosa entre sollozos.

La religión mantiene sólida su voluntad de seguir caminando en la vida. Rosa no se pierde ninguna salida de la imagen desde que el Señor logró curar a su sobrino, quien padecía una enfermedad en la sangre.

Carmen Delgado (83), sosteniéndose con un bastón, contó que cuando tenía siete años y acompañada de su padre, vio por primera vez al Señor de los Milagros. Desde entonces, participa en la procesión multitudinaria.

“Lo que pido a Dios es que nos dé trabajo, para todos. Que podamos seguir trabajando. Que nos libre de las maldades y nos dé salud. También pido por el presidente Kuczynski, por su familia y que sepa encaminar el país, que tengamos más seguridad. Siempre le pido que paralice la mano de los delincuentes, que los detenga cuando estén por cometer algo malo”, manifestó Carmen.

Para el conductor Juan Carlos Herencio (70), tener a su único hijo varón fue el mayor milagro que el Señor llegó a cumplirle.

“Cuando vengo, siempre le pido trabajo y salud para mí y mi familia. También progreso y cero delincuencia para el país”, detalla Herencio. “Y un triunfo de la selección contra Argentina. Está difícil, pero veremos si se cumple”, agregó entre carcajadas.

“Me salvó”. Adolfo, de la vigésima cuadrilla de la Hermandad, asegura que el Señor de los Milagros lo rescató de la muerte desde que era muy pequeño. Cuando nació, una partera le rompió el brazo derecho. A los cuatro años, en una playa del Callao, fue salvado a tiempo cuando las olas se lo estaban llevando. En su adolescencia, un tranvía lo atropelló cuando intentaba cruzar la pista imprudentemente. A pesar de la gravedad de su lesiones, ante el llanto de sus padres devotos, volvió a caminar. De adulto, le explotó una úlcera en el estómago. Los médicos ya lo daban por muerto, pero sobrevivió. Por ello, hasta ahora sigue vistiendo el hábito morado.

MIRA ESTO: 

Señor de los Milagros: Sepa los desvíos del Corredor Azul y del Metropolitano

ojo content-body
Comunícate con nosotros vía WhatsApp