Villa María del Triunfo: Conoce a los músicos de la muerte [FOTOS]

01 de Noviembre del 2015 - 14:45
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Paulino Huamaní y Darío son los músicos oficiales del cementerio Nueva Esperanza, ubicado en Villa María del Triunfo.

Los sonidos de un acordeón y una mandolina (guitarra de menor tamaño) resuenan en el Cementerio Municipal Virgen de Lourdes, en Villa María del Triunfo. Las voces de Paulino Huamaní y Darío se unen a esta melodía que se esparce sutilmente por las 60 hectáreas del camposanto, uno de los más grandes de Latinoamérica. Sentados al costado de las tumbas de dos esposos puneños, ambos hombres muestran su quehacer diario: ponerle música a la muerte.

La canción que interpretan, “Coca Quintucha, hoja redonda”, es la más solicitada por quienes, en medio del dolor, intentan darles a sus difuntos una especial despedida. Su letra, explica Darío -cuyo apellido no desea revelar-, aborda la tristeza de aquellos que dejan sus tierras natales con la esperanza de volver, pero al no lograrlo, depositan su fe en el destino que les depara la hoja de coca.

La popularidad de este huayno ayacuchano se debe al origen provinciano de la mayoría de finados que son enterrados, a diario, en los cerros del cementerio conocido como Nueva Esperanza. Para darles el último adiós, sus familiares -también migrantes- piden la interpretación del tema y, con nostalgia, empiezan a recordarlos. La sombra de la aflicción suele llegar a Paulino y Darío, quienes rememoran los años vividos en sus ciudades de nacimiento.

ENTRE TUMBAS. Paulino recuerda que en 1974 partió de Cusco a Lima con la esperanza de construirse un mejor futuro. Desde entonces laboró en decenas de oficios, pero nunca dejó de cantar y tocar la mandolina. De forma autodidacta, aprendió también a hacer música con otros instrumentos como la armónica y la quena; y hace doce años encontró un trabajo estable en el lugar reservado para la muerte.

Allí, entre coloridas fosas y peculiares nichos, conoció a Darío, acordeonista de origen ayacuchano con quien comparte la labor de darle a las peores situaciones un toque de gracia. Este trabajo los ha hecho testigos de dolores tan desgarradores como el que genera la pérdida de una madre o, peor aún, de un hijo. Sin embargo, con la pasividad que los caracteriza logran cumplir su misión: apaciguar los sentimientos.

Los humildes conciertos que realizan para entierros y fechas especiales empiezan a ofrecerlos por las tardes, debido al acuerdo que mantienen con las autoridades de Villa María del Triunfo. A cambio de realizar este cachuelo, los dos hombres deben dedicarse a limpiar el terreno en las mañanas. Dicho quehacer les ha permitido conocer a la perfección el inmenso camposanto, en cuyos alrededores se entremezcla la vida y la muerte, pues hay decenas de viviendas.

TRABAJO INTENSO. Paulino y Darío también recorren Nueva Esperanza para dar sus servicios musicales. Lo hacen con sus instrumentos en mano y usando chalecos de cuero y sombreros de paja. También portan micrófonos que les permiten, en entierros grandes, ser escuchados hasta por quien está en el ataúd. Las zonas de mayor clientela son las denominadas sindicato, margen derecho y margen izquierdo, las cuales todavía disponen de espacios a precios accesibles.

De lunes a viernes, la ganancia de ambos hombres oscila entre 5 y 20 soles, mientras que los fines de semana bordea los 50 soles. A pesar de que son los músicos oficiales del cementerio, en festividades como la de hoy, el Día de Todos los Santos, no tienen tanta suerte. La razón está en que muchas familias optan por traer bandas más grandes. Sin embargo, el gran despliegue de instrumentos musicales y cantantes no los amilana, pues reconocen qué los diferencia: la experiencia de ser músicos de la muerte.

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