¡Qué tal! Recapitulemos. Cuidado con los lobos disfrazados de corderos. Todo está en el anémico ideario. La vieja política del ostracismo. El capricho compulsivo de convertir a los países en parias. Pobre Perú si cae en estas manos peludas.

Lo que perpetró el chavismo en la hermana Venezuela, por ejemplo. Los extremismos como pan de cada día, mientras cunde el hambre y la desesperación. Ahí está el éxodo de llaneros a nuestro país y otros cercanos. Ya lo dijo Guillermo Bermejo: “Si tomamos el poder, no lo vamos a soltar”. Están famélicos por la mamadera. Y eso de que Vladimir Carrón no será ni portero en ninguna institución del Estado es creer a la gente caída del palto. Y, claro, la prensa les apesta.

Le tienen tirria. Que “mermelera”. Que “basura”. Que “comprada”. Incluida la amenaza de divulgar el sueldo de los periodistas. Caldo de cultivo para las agresiones que han sufrido reporteros de televisión por parte de sus fanáticos iracundos.

En las narices del candidato empujaron a un reportero de Latina y apenas si se inmutó y trató de tapar el sol con su sombrero de paja. Muy bien los gremios periodísticos en salir a pararle el caballo con sendos comunicados de rechazo. Insistimos. En el año de su Bicentenario, el Perú se merece un presidente que respete los credos establecidos por San Martín el 28 de julio de 1821: libertad, independencia, democracia.

Violentar uno de ellos descalifica a su ejecutor y será entera competencia del “pueblo” lo que ocurra con la patria luego del 6 de junio. No podemos viralizar la irresponsabilidad en las ánforas, claro que no, menos en medio de una pandemia sin parangón. Así no juega Perú.

Nuestra intención en esta elección, inherente a la prensa, es pintarle a las audiencias que ya nos equivocamos demasiado al momento de votar y que entiendan, sobre todo los bolsones populares, que un Gobierno nacionalizador, intervencionista y estatista se traerá abajo la economía nacional. Como que 2+2 es cuatro. Y esa magra historia podría escribirse con un lápiz. Piénsenlo bien.

Esto fue todo por hoy, cierro el Ojo Crítico, hasta mañana.

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