EL LÁPIZ DE ASIÁN: Vida, pasión y muerte de Alan

17 de Abril del 2019 - 21:03

La columna del director de diario Ojo, Jaime Asián

Qué tal.

El suicidio es quitarse la vida adrede. Y eso mismo hizo Alan García esta mañana.

Su cruz fue el caso Lava Jato. Y La idea de verse esposado, rumbo a algún penal, pesó más que el mérito de haber sido dos veces presidente de la República, líder indiscutible del partido aprista y el mejor orador político de los últimos tiempos.

Cicerón dijo que aquel Dios que manda en nuestro íntimo ser, nos prohíbe partir de este mundo sin su consentimiento”. Alan era católico confeso,pero tampoco escuchó este dogma celestial y cogió su arma para trazar su destino final.

Una lectora nos escribe lo siguiente: “Para llegar hasta el punto de quitarse la vida, debió estar viviendo un infierno en su cabeza”.

Ciertamente, en su forma de ver la vida predominaba un ego que fue calificado de “colosal”. Ese era el distintivo de Alan García. Ahora, que la justicia divina lo juzgue y no estaría de más un réquiem por su memoria.

Cómo olvidar su declamación de La vida es sueño. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

Alan murió, pero no olvidemos que gran parte de la política peruana está manchada por la coima y la deshonra.

Esto fue todo por hoy, guardo el lápiz de luto, hasta el lunes.

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