Expectativas. Generadas a la población por promesas de Castillo. (Foto: Difusión)
Expectativas. Generadas a la población por promesas de Castillo. (Foto: Difusión)

Ya cansa la quejumbre que a diario exhiben tanto el , como su paladín y primer ministro, Aníbal Torres. A donde van su rollo es el mismo: que no hay pruebas de la corrupción que se le endilga a este gobierno (la fuga de Juan Silva, Bruno Pacheco y uno de los sobrinísimos es moco de pavo), que la prensa limeña exagera las cosas, que la derecha no ha hecho nada por el pueblo en 200 años de vida republicana, que el Congreso le ha bloqueado algunos proyectos como el de la masificación del gas natural, que han heredado colegios y centros de salud a punto de desplomarse, etc. Lo que olvidan estos señorones es que se les eligió (por contados votos) para que sean parte de la solución y no del problema. Si se la van a pasar llorando y buscando chivos expiatorios mejor háganle un gran favor al país y ¡váyanse a su casa! Resultan una fórmula terrible para el Perú el lloriqueo y la incapacidad permanente instaladas en Palacio de Gobierno. Pero no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.