Goleada blanquiazul en Matute

Goleada  blanquiazul en Matute

Goleada blanquiazul en Matute

13 de Marzo del 2017 - 00:00

Íntimos vencieron 7-2 a Juan Aurich con buen fútbol

Es el Alianza Lima que todos quieren ver. Los blanquiazules le dieron un gran baile a Juan Aurich en Matute. El gran protagonista del show fue Kevin Quevedo, quien marcó cuatro tantos. Corría el minuto 12 cuando Ramón Rengifo estiró la mano y el balón pegó en ella. El árbitro decretó penal, que Luis Aguiar se encargó de transformar en gol. No tardó mucho para que el mismo uruguayo aumente el marcador. A los 23’ se encontró un rebote en el área chiclayana y la colocó con la zurda al palo derecho de Cisneros. 2-0 y la fiesta empezaba a armarse. Sin embargo, Juan Aurich sintió el golpe y saltó a campo blanquiazul. Una falta innecesaria de Godoy permitió que Renzo Sheput descuente de penal a los 26’. Envalentonado, el “Ciclón” consiguió el empate a los 33’ por medio de Jean Pierre Archimbaud, quien venció de cabeza a Leao Butrón. Todo apuntaba a que se irían al descanso empatados, pero la experiencia y calidad de Luis Ramírez remecieron las redes de la visita con un bombazo sobre el borde del área a los 37’. El juvenil Kevin Quevedo, la gran figura del partido, apareció a los 43’ para marcar el cuarto blanquiazul. En la etapa final del compromiso, Alianza Lima apretó el acelerador y no tuvo piedad de Juan Aurich. A los 59’, el mismo Quevedo mandó a guardar el balón por quinta vez para los íntimos y segunda en su cuenta personal. El chibolo estaba con muchas ganas y a los 71’, tras un centro rasante de Alejandro Hohberg, completó su hat-trick y Matute se volvía loco por el abultado resultado. Sin embargo, Quevedo tendría una sorpresa más para los hinchas, pues a los 83’ convirtió el 7-2 final. Alianza Lima se quitó de encima la mochila pesada de no ganar en casa desde el clásico. Pablo Bengoechea sonreía desde la zona técnica. En esta oportunidad, su rotación y planteamiento le dieron resultado. Los hinchas desde las tribunas no aguantaron las ganas y los olés se hicieron escuchar en La Victoria. Matute fue una verdadera fiesta.

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