Terremoto en Ecuador: Se vive una pesadilla por réplicas, falta de agua y comida

21 de Abril del 2016 - 08:49

Damnificados hacen largas colas para recibir bolsas con víveres y una fruta.

Melissa Jara es una peruana que ha logrado sobrevivir al terremoto de 7.8 grados que azotó Ecuador el sábado pasado. Ella, junto a su madre y su niño de tres años de edad, compraba en un centro comercial de la ciudad de Portoviejo cuando se desató el fuerte sismo. Cuenta que agarró a su niño y se abrazó a una columna con su madre, mientras veía caer los estantes con mercadería y a la gente correr desesperadamente. Felizmente el techo no se desplomó, aunque la estructuras quedaron resquebrajadas. Luego dijo que se cortó la energía eléctrica y tuvieron que caminar varias cuadras para poder tomar taxi y regresar a su casa. Felizmente nadie de su familia resultó afectado, pues viven alejados del centro, zona que sí ha quedado destruida.

Sin embrago, a raíz de estos hechos, la cebichería familiar que tiene como negocio ha cerrado sus puertas, hasta nuevo aviso.

DESESPERACIÓN 

La gente en la ciudad de Manta y pueblos aledaños, duramente golpeados por el violento terremoto del pasado fin de semana que afectó Ecuador, no tienen qué comer ni tomar. Los niños padecen males estomacales y se están deshidratando. Muchos se han volcado a las carreteras para pedir -con carteles en mano- agua y víveres. Se les ve con cilindros y baldes, y gritan ante el paso de las camionetas con ayuda.

En Manta, la gente forma interminables colas en el boulevard, en medio de gritos, empujones y peleas, para recibir una funda (bolsa) con víveres, plátanos, naranjas y yucas, si es que tienen suerte. “Estamos aquí desde las 5 de la mañana y aún no recibimos nada”, dice la señora Ana María Palma (30), quien ha llegado desde el cantón de Jaramijó con otras vecinas. Afirma que el puñado de plátanos y naranjas que ha recibido no le alcanza para alimentar a sus tres niños. El otro problema que tiene es el transporte, pues no cuenta con dinero para el pasaje de retorno.

“Venimos para llevar algo de comer. Estamos sin desayuno. Queremos que (el presidente Rafael) Correa vea esto. Todo está mal organizado”, se queja llorando una mujer de edad avanzada. La ayuda tampoco llega a otros pueblos como Los Esteros y La Sequita, de donde también han llegado varias mujeres en busca de comida y agua.

Todos se quejan de los elevados precios en las bodegas que han abierto sus puertas, pues un huevo que costaba 15 centavos de dólar ahora los venden a 50 centavos. Un bidón de agua ha pasado a costar 5 dólares. “De dónde vamos a sacar dinero, si la empresa donde trabajo está cerrada”, dice Alcides Mero, un hombre con el torso desnudo, pues usa su polo para llevarse unas naranjas para dárselas a sus hijos.

DESHIDRATADOS

Paramédicos de la Fuerza de Resistencia del Ejército, llegados de La ciudad de Guayaquil, atienden a los niños con cuadros de deshidratación. Les miden la presión y les entregan botellas de agua mezcladas con suero en polvo. Lo mismo hacen con los adultos mayores, a quienes, además, entregan pastillas y jarabes.

PERJUICIO PARA PERUANOS 

Debido al terremoto, pobladores del distrito fronterizo de Aguas Verdes, en Tumbes, también se han visto afectados. Los comerciantes de esta localidad manifiestan que sus ventas han bajado en prácticamente un 95% debido a que ciudadanos ecuatorianos, sus habituales compradores, no viajan a su distrito para adquirir alimentos u otros productos de primera necesidad. Los comerciantes peruanos señalan que esto se debería a que están más preocupados en recuperarse de la tragedia que les ha tocado vivir.

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