Refugiados: Grecia se niega a ser un "depósito de almas"

Refugiados: Grecia se niega a ser un "depósito de almas"

Refugiados: Grecia se niega a ser un "depósito de almas"

15 de Diciembre del 2015 - 22:59

Tráfico de personas a cambio de dinero es un grave problema en el país

El cierre de la frontera de Macedonia para ciudadanos que no son considerados de antemano como refugiados ha supuesto un golpe adicional para Grecia que, en palabras del primer ministro, Alexis Tsipras, amenaza con convertirse ahora en un "depósito de almas".
La semana pasada y tras días de tensiones en la frontera con Macedonia, la Policía griega trasladó en autobuses a unas 2.500 personas consideradas como "migrantes económicos" que se habían agolpado ante la nueva valla erigida por el Gobierno de Skopje para impedir la entrada de todo ciudadano que no proceda de Siria, Afganistán o Irak.
La mayoría ni siquiera llegó a pisar alguno de los tres centros de acogida dispuestos en Atenas.
Son pocos los que quieren solicitar asilo en Grecia, donde apenas ven posibilidades de forjarse un futuro habida cuenta de las dificultades económicas que padece este país.
Farad, Ahmed, Mass y Nasser son ejemplo de una generación de jóvenes iraníes cultos que no quieren seguir aguantando la represión en su país.
Junto a varias decenas de compatriotas esperan en la céntrica plaza ateniense de Omonia a que un traficante les lleve nuevamente hacia la frontera con la Antigua República Yugoslava de Macedonia para volver a intentar su éxodo hacia el norte de Europa, esta vez a través de la frontera verde y previo pago de 2.000 euros por cabeza.
El cierre de la frontera ha caído como maná del cielo para las redes de traficantes, que hasta ahora tan "solo" cobraban unos 500 euros por persona para el corto recorrido marítimo que separa Turquía de las islas griegas, un calvario que han vivido ya más de 790.000 refugiados en lo que va de año.
Nasser, actor de 23 años, cuenta a Efe que la opinión pública internacional tiene una imagen muy equivocada sobre la situación en Irán, un país donde, dice, ha cambiado el Gobierno pero no por ello hay menos represión.
"El Gobierno iraní pretende hacer ver que todo va bien y que hay libertad, y nadie entiende fuera por qué escapamos de nuestro país. Nos preguntan: ¿Por qué os vais si no hay guerra? Pero lo que tenemos nosotros no es un conflicto exterior, sino interior", relata.
Él decidió marcharse porque el régimen le prohibió ejercer su profesión durante dos años, solo porque en una obra de teatro que estaba representando había un diálogo que aludía a los cristianos y hablaba de Jesucristo.
"Soy cristiano. Nosotros no tenemos un edificio en el que podamos profesar nuestra fe. Tenemos que practicarla en casa. Esa es la razón por la que abandoné mi país",

explica.

ojo