Magaly Moro

Renzo (23, Ventanilla). Señora Moro, le escribo esta carta porque solo una mujer madura como usted podría ayudarme a conquistar a mi jefa, una hermosa norteña de 50 años. He intentado llamar su atención de mil maneras y solo he conseguido frases como: “Qué lindo muchachito”, “Gracias, hijito”, “¡Qué tierno este chiquito!”.

Sé que la diferencia de edad es abismal, doctorcita, pero ¿qué hago con este sentimiento? Muchos creen que solo me acerco por interés, sin embargo, puedo jurarle por mi madre, que en paz descanse, que me siento completamente enamorado de Mirtha. Ella es inteligente, responsable, justa, considerada, una mujer hecha y derecha, yo la admiro mucho.

Hace 3 años, cuando atravesaba un mal momento, ella me ayudó, me dio trabajo y hasta me hizo un préstamo, sin conocerme muy bien. Obviamente, le pagué hasta el último centavo y he sido su trabajador más leal. Lamentablemente, a medida que la iba conociendo, me fui enamorando más y más de ella, pero jamás he logrado que acepte ni siquiera una salida. Incluso, rechaza hasta mis detalles.

Lo peor de todo es que un tipo mal hablado está detrás de ella, es vulgar y comenta abiertamente que ve a Mirtha como su “minita de oro”. Irónicamente, a ella le ha empezado a interesar este hombre. ¿Qué hago, doctora? He tratado de advertirle de las intenciones de ese sujeto, pero se ríe y dice que seguro estoy celoso. Ayúdeme, por favor. No me gustaría que la hagan sufrir.

Ojo al consejo

Estimado Renzo, no hay peor lucha que la que no se hace. Primero, sé claro con ella, confiésale tus sentimientos y si te rechaza debes ser fuerte y voltear la página. Eres joven y tienes un largo camino en la vida.

Respecto a su saliente, si ya le advertiste de sus malas intenciones, no puedes hacer más. Será ella quien deba abrir los ojos. Suerte.