Magaly Moro

Almendra (33 años, Pueblo Libre). Doctora, estoy muy contenta porque al fin mis sueños se harán realidad, pero a la vez me siento algo preocupada. Javier me ha pedido matrimonio para llevarme a vivir con él. Nunca pensé que podría casarme con alguien que amara tanto, estoy demasiado contenta con lo que me está pasando. Sin embargo, mi felicidad va a depender de la tristeza de alguien y eso me deja un sinsabor.

Lo que sucede es que Javier está casado y tiene un niño de 5 años. Por lo que me ha contado, jamás amó a esa mujer, solo estuvo con ella porque salió embarazada. Por esta razón, siempre tuvo amantes, pero se cuidó de no enredarse a fondo con ninguna, hasta que me conoció a mí. “Me he enamorado perdidamente de ti y estoy dispuesto a renunciar a ese intento de familia que tengo con tal de no perderte”, me dice siempre.

Su propuesta me alegra, pero también tengo mis dudas porque me ha dicho que nos vamos a casar a escondidas para evitar las críticas de la familia. He aceptado, a pesar de que me gustaría hacer un fiestón, pero qué más puedo pedirle, está renunciando a su familia por mí. La verdad, lo amo y ya estoy imaginando la maravillosa vida que tendremos juntos.

Javier me ha dicho que dentro de pocos días le pedirá el divorcio a su esposa. Yo he pensado que, si ella no acepta que perdió, soy capaz de enfrentarme. Estoy dispuesta a todo, aunque mis amigas me han dicho que estoy loca por confiar en él. Doctora, ¿qué opina al respecto?

Ojo al consejo

Querida Almendra, a veces, estar enamorada no nos permite ver con claridad el panorama completo. Ten mucho cuidado con Javier porque, así como engañó muchas veces a su esposa, también lo puede hacer contigo. Las personas infieles sí pueden cambiar, pero solo si aceptan su falta, algo que parece no ocurrir con Javier, porque él solo se justifica. Sé precavida.