Magaly Moro

Flor María (26 años, San Martín de Porres). Ay doctora, tengo muy mala suerte en el amor. Desde que conocí a Renato, mi compañero de trabajo, me enamoré perdidamente de él. ¡Hice de todo para que me hiciera caso! Cuando por fin creí haber conseguido mi objetivo, él me confesó muy apenado que no le gustaban las mujeres. Todavía no puedo creer que Renato, el chico más ardiente de la oficina, sea homosexual.

Yo jamás lo sospeché, doctora. Renato siempre se ha mostrado ante todo el mundo como un soltero codiciado, prácticamente inalcanzable, capaz de conseguir a la mujer que desea con tan solo chasquear los dedos. ¡Y cómo no! Él es sumamente atractivo, con un cuerpo musculoso y una sonrisa de ensueño. Perfecto.

Cuando pasaba por su lado, Renato siempre se me quedaba viendo. Me comía con la mirada, doctora. Por eso, un día dejé atrás mi timidez y lo invité a tomar unas copas luego del trabajo. No sabe lo feliz que me sentí cuando aceptó mi propuesta. “Ya la hice”, me dije a mí misma. Pero cuando estaba a punto de robarle un beso en medio de la noche, Renato me detuvo y me dijo en voz baja que era gay. Hasta me pidió que le guardara el secreto.

Desde ese día mi autoestima está por los suelos, señora Moro. No puedo ver a Renato a la cara porque me da vergüenza haber sido rechazada de esa manera. Lo peor de todo es que no puedo quitármelo de la cabeza. Siento que aún sigo loca por él. ¿Qué hago?

Ojo al consejo

Estimado Flor María, creo que te estás apresurando al decir que estás enamorada de Renato, creo que es simplemente atracción lo que sientes. Tranquila, verás que con las semanas todo volverá a la normalidad.

Si bien Renato no se convirtió en el amante que tanto deseabas, aún pueden ser buenos amigos. Habla con él porque de seguro está tan avergonzado como tú. Suerte.