Magaly Moro |

Abigail (33 años, San Borja). Ay doctora, el amor ha llegado a mí de la manera más extraña posible. Hace una semana mi hermano me obligó a ver el partido Perú-Ecuador en su casa. Yo no soy una fanática del fútbol, pero acepté para no quedar mal con él.

Doy gracias al cielo por haberlo hecho porque ese día conocí al amor de mi vida: de la selección peruana. Desde que lo vi jugando con tanta entrega y pasión en la cancha, mi corazón quedó flechado al instante.

No le miento cuando le digo que estoy profundamente enamorada, doctora. Todo de él me gusta: sus ojos color chocolate, su sonrisa de ensueño, sus brazos musculosos y ese acento italiano tan sexy que tiene. Pero lo que más me atrae de Lapadula es su gran amor por la camiseta peruana. Se lo juro, doctora, es el hombre de mi vida.

Lamentablemente, sé que no tengo oportunidad alguna con el delantero de la Blanquirroja. Él está felizmente casado desde el 2016 con una mujer llamada Alessia, con quien tiene tres hijos. Se me rompió el corazón en mil pedazos cuando vi que habían renovado sus votos matrimoniales el año pasado. ¡Qué envidia!

Además, estoy segura que Lapadula tiene miles de modelos de voluptuosa figura detrás de él. Sin embargo, la fe es lo último que se pierde, ¿no le parece? Por eso, le escribo esta carta porque no puedo ocultar más mis sentimientos y porque tengo la esperanza de que Lapadula sepa algún día que hay una mujer con los brazos abiertos que lo espera en Lima.

Ojo al consejo

Querida Abigail, es normal que te sientas de esta forma por tu amor platónico, pero no lleves las cosas al extremo. Recuerda que el jugador está casado y que hay más peces en el mar, no tienes por qué cerrar las puertas de tu corazón a otro hombre. No dejes que tu amor hacia Gianluca Lapadula se transforme en obsesión, ya que eso podría afectar tu vida personal. ¡Suerte!

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