Magaly Moro

Danny (26 años, Barcelona). Doctora, leo sus consejos por internet y me animé a escribirle para contarle mi historia. Llevo viviendo en Barcelona cerca de 3 años por temas de estudios. Soy bisexual y en esta ciudad he tenido dos parejas, una de cada sexo. Mi último romance fue con una chilena. Íbamos bien pero se enteró de mis preferencias sexuales y por presión de su familia me terminó. Estaba deprimido y mi círculo amical me convenció de ir a una fiesta para distraerme.

Eso sí, me dijeron que vaya disfrazado de Sailor Moon para llamar la atención. Cabe recalcar que en España ya están permitidas las reuniones. Llegué a la fiesta, llamé a mis amigos para saber a qué hora llegarían, pero me dijeron que esa sería mi noche y que la pase bien sin ellos. Doctora, fui el centro de la atención, todos querían bailar conmigo. Luego de una hora aproximadamente conocí a Roberto. Le sonreí, me lanzó unos piropos e hicimos plática en la barra.

Pasamos como dos horas hablando de todo un poco. Él me contó que tiene 50 años y está separado. Al finalizar el evento, Roberto me llevó a mi casa. Pasamos la noche juntos entre besos, caricias y bonitas palabras. Desde entonces hemos pasado momentos lindos. Me he ilusionado, pero hay algo que me detiene a vivir mi romance. Roberto me ha dicho que desafortunadamente a él le quedan pocos meses de vida, pero que quiere pasar sus últimos momentos conmigo, por eso desea que nos casemos. Le dije que lo pensaría. Quiero darle el “sí, acepto”, no obstante, tengo miedo al dolor que vendrá con su partida. ¿Qué hago?

Ojo al consejo

Querido Danny, si estás convencido del amor que sientes por él y si confían en sus sentimientos, entonces que la muerte no sea un obstáculo. Vivan esos meses que le quedan y disfruten de cada minuto al máximo.

No te voy a mentir, su partida será un dolor asegurado, pero no te quedarás con el ¿qué hubiera pasado? Suerte.

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