Magaly Moro

Ricardo (23 años, San Martín de Porres). Señora Magaly, este año ha sido el peor de mi vida. Perdí mi trabajo, mi madre se enfermó por coronavirus y ahora mi enamorada acaba de confesarme que me fue infiel en plena pandemia. Todo ha ido de mal en peor, me encuentro sin esperanzas y con el corazón destrozado.

Fabiola y yo teníamos tres años de relación y, aunque las cosas no siempre fueron color de rosa, yo la amaba como a nadie. Todos estos días de aislamiento solo quería correr a verla y abrazarla, sentir un poco de cariño entre tantos problemas que se me presentaban.

Hace poco me escapé un rato de casa y me fui a verla, feliz de volver a sentir su aroma y de besar sus labios. Sin embargo, ella se mostró molesta por mi presencia y me pidió que no regresara más.

Cuando le pregunté qué le pasaba, sus ojos se llenaron de lágrimas y me dijo entre sollozos que había vuelto a conversar con Fabricio, su expareja, y que una cosa llevó a la otra. “Lo siento tanto, Ricardo. Pero él y yo regresamos, no sabía cómo decírtelo”, me dijo.

No la escuché más y tomé un taxi directamente a mi casa. No lloré, pero podía sentir un vacío en el pecho durante todo el camino. Doctora, desde entonces me siento terriblemente mal. Lo que me hizo Fabiola terminó por matarme. No puedo dormir, ni comer tranquilo por todo el dolor que siento.

Mi madre ha notado mi tristeza, pero trato de ser fuerte para que no se preocupe, pues suficiente tiene con su enfermedad. ¿Qué hago, señora Magaly? Mi mundo se está derrumbando.

Ojo al consejo

Ricardo, te pido que te tranquilices y que no dejes que una decepción amorosa te consuma. Entiendo que estés pasando por momentos difíciles, pero debes mantener la esperanza. Todo esto terminará en algún momento, solo ten fe. Por otro lado, te aconsejo que acudas a un psicólogo, necesitas a alguien que te oriente y ayude emocionalmente. Mucha suerte.

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