Magaly Moro

Alejandro (28 años, Ventanilla). Señora Magaly, tengo entendido que las chicas altas suelen tener los pies ligeramente grandes. Sin embargo, mi chica calza 44 y ni siquiera llega al metro setenta. No quiero sonar como un cretino, pero ese “pequeño” detalle me incomoda mucho. Me parece absurdo, y a la vez penoso, que mi enamorada calce más que yo.

Martina es una chica diez de diez, doctora. Cuerpo esbelto, inteligente y con buen sentido del humor: un partidazo. Pero dejé de verla como la mujer perfecta la primera noche que pasamos juntos; fue mientras la desvestía que me di cuenta de que sus pies eran, prácticamente, del tamaño de mi cara, o incluso más.

Además de ello, esa parte de su cuerpo no es visualmente agradable. Tiene algunos vellitos enterrados, las uñas largas, y unos dedos más grandes que los demás. ¿Le soy sincero? Se me fue la excitación al ver sus pies, pero hice un esfuerzo titánico para continuar esa noche de pasión.

Desde ese día no paro de pensar en eso, doctora. Aunque Martina esté usando un par de bonitas zapatillas, sé que debajo esconde unos pies bastante feos. Ahora que la veo bien desde lejos, un cuerpo tan pequeño se ve desproporcionado con unos pies gigantes. Parece un hobbit.

No quiero decirle a mi chica sobre esto porque, honestamente, no es su culpa haber nacido así. No obstante, sus pies no me terminan de agradar y es algo que no puedo pasar por alto. ¿O estaré exagerando?

Ojo al consejo

Alejandro, me parece que te estás dejando llevar por las apariencias. Si realmente estás enamorado de Martina, sus pies son lo último que te deben importar. No prestes atención a ese detalle, sino a otros más importantes como la calidad de persona que es.

Si no puedes superar esto, te aconsejo que mejor des un paso al costado sin herir sus sentimientos. Piénsalo.