Magaly Moro

Lucía (26 años, San Martín de Porres). Doctora Moro, no sé cómo decirle lo que está pasando con mi enamorado. Dante es súper cariñoso, amable y alegre. Además, tiene muy buenos sentimientos. Estoy muy enamorada de él. Hace cinco meses él perdió su trabajo y ahora realiza algunos servicios eventuales y el pago que recibe al mes es menor al sueldo mínimo vital. Por esto es que al mes no puede tener grandes gastos. Yo comprendo su situación, sin embargo, a veces creo que no gasta por ahorrativo, sino por tacaño.

Le explico por qué pienso esto. Lo que ocurre es que desde hace unos tres meses, cada vez que salimos a pasear él me pregunta: “¿quieres un pancho?” O me dice: “te invito un pancho”. No se le ocurre preguntarme si deseo comer una pizza, pollito a la brasa o una hamburguesa. No me invita nada más. Solo panchos y ya estoy harta. Supongo que lo hace para no gastar mucho, pero me parece que exagera.

Darse un gustito no lo hará más pobre, creo yo. Además, tiene sus ahorros. Por todo esto creo que se ha vuelto un mezquino.

Señora Moro, ya no tolero más el sabor de los panchos, quiero pedirle a Dante que me invite otra cosa cuando salimos a pasear. Estoy pensando en cómo hablarle del tema, pero no quiero parecer una persona interesada y vividora. Temo herir sus sentimientos. Amo de verdad a Dante.

Dígame cómo puedo confesarle que ya no quiero más panchos y que pienso que está siendo tacaño conmigo. ¿Qué me aconseja? Ayúdeme, por favor.

Ojo al consejo

Estimada Lucía, considero que no debes esperar que tu enamorado te invite alguna comida cuando salen a pasear. No es su obligación. Tú puedes comprarte con tu dinero lo que desees, incluso invitarle a tu pareja. Por otro lado, puedes hablar con Dante y decirle que no quieres comer más panchos y que, en adelante, se repartirán equitativamente los gastos en sus salidas.