Magaly Moro

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Amelia (42 años, Independencia). Querida señora Magaly, quisiera pedirle que me ayude con un sabio consejo para saber si debo seguir o no con el hombre que tengo al lado.

Estoy en una relación amorosa con Germán. Nos conocemos desde que éramos adolescentes y el gusto siempre estuvo, pero ahí quedó. Fue recién en un reencuentro con compañeros del colegio, hace dos años, cuando me lo volví a encontrar y surgió un romance.

Decidimos darnos una oportunidad porque creímos que siempre estuvimos destinados el uno para el otro, ese era el mejor momento para intentarlo. Todo fue un poco rápido, ya que no éramos tan jóvenes. En ese entonces, estábamos cerca de llegar a los 40 años y, luego de varias relaciones fallidas, no queríamos esperar más tiempo.

Parecía que la convivencia iba a ser bonita, pero no me imaginé jamás que la comida en el hogar sería la causal de mi próxima separación.

Lo que ocurre, doctora, es que a mí me encanta la grasa. Amo comer mi pollo a la brasa o broaster, mínimo tres veces por semana. Además, soy fan de los chocolates a media tarde, en especial en los días friolentos. En cambio, mi pareja es muy fitness, goza de la vida saludable y cada vez que me ve comiendo algún plato con fritura, me critica. A toda costa, Germán intenta cambiar constantemente mi alimentación y odio que me moleste tanto. Soy una mujer que sabe cuidarse perfectamente sola. Realmente su postura me está hartando. Hasta ahora he sido tolerante, pero no aguanto más. ¿Qué hago? Ayúdeme.

Ojo al consejo

Querida Amelia, no creo que Germán lo haga con mala intención. Quizás se ha dado cuenta que no estás teniendo una buena alimentación y solo quiere cuidarte. Tómalo de esa forma. No obstante, si tanto te molesta, quizás puedan llegar a un acuerdo y buscar la manera de lograr un equilibrio con las comidas en el hogar. Pienso que se puede solucionar. Suerte.