Magaly Moro

Adelaida (26 años, Independencia) Doctora, estoy demasiado cansada de la presión de mi familia y amigos con respecto a mi vida sentimental.

Desde los 16 años, me di cuenta que era diferente a mis amigas del colegio. A mí no me gustaba estar coqueteando con chicos como ellas, ni me interesaba iniciar un amorío con alguno de ellos. Doctorcita, los pretendientes no me faltaban, pero el simple hecho de pensar en estar enamorada me daba mucha flojera. Me atormentaba ver cómo mis compañeras dejaban que un chico definiera su estado anímico. Tenía mucha cólera porque por culpa de esos romances tóxicos siempre una de nosotras estaba llorando.

Pasaron los años y la historia se repitió en la universidad. Todo mi círculo de amigos estaba emparejado y yo siempre era el violín. Muchas veces, las chicas me armaban citas a ciegas con otros compañeros, pero no pasaba nada. Ellos intentaban besarme y yo me alejaba o les cambiaba de tema.

Mi familia en varias ocasiones me ha señalado que piensa que soy lesbiana, pero les he dejado en claro que esa no es mi orientación sexual, porque si fuera así, simplemente lo diría, pero lo mío se debe a otra cosa.

No quiero tener pareja por todas las complicaciones que trae, prefiero mil veces quedarme soltera. Así no sufro ni ando en lamentos. Sin embargo, es complicadísimo que mi entorno me entienda. Por favor, señora Moro, necesito su ayuda. Le juro que estoy harta de esos comentarios. No me dejan vivir. ¿Qué hago?

Ojo al consejo

Adelaida, cuando uno se enamora de verdad y te corresponde no tiene por qué sufrir. Le temes a un concepto de amor equivocado. Te recomendaría que hagas caso omiso a las opiniones del resto que te presiona, pero también te aconsejo que ignores esa voz interna que solo te da señales falsas de las relaciones. Busca apoyo psicológico para que aprendas a lidiar con ambos problemas.