Magaly Moro |

Mauricio (52 años, Cercado de Lima). Señora Magaly, le aseguro que no existe mujer más chismosa que mi esposa Kathy. Sin salir de casa, se sabe la vida privada de todos los vecinos del barrio. Tanto así que algunos de ellos la han apodado como la “Urraca de Barrios Altos”.

Ella no era así cuando la conocí, hace 22 años; Kathy era tranquila, recatada y odiaba la chismosería. “Ay, esa gente no tiene nada qué hacer con sus vidas”, decía indignada cuando sus amigas la invitaban a reuniones para contarse las “últimitas”. Y ahora, doctora, mi esposa es la reina del raje.

Cada vez que llego del trabajo me la encuentro en casa haciendo tres cosas en particular: espiar a la gente a través de la ventana, hablar con otras vecinas por el balcón o en medio de una charla telefónica con sus comadres, la cual siempre inicia con un “No sabeees lo que me acabo de enterar”.

El problema, señora Moro, es que por su culpa toda la cuadra nos detesta. Por ejemplo, hace tres días le pedí al vecino de al frente que me prestara su escalera para entrar a mi casa, ya que había olvidado las llaves dentro. “No prestamos nada a metiches”, me dijo antes de cerrarme la puerta en la cara. Asumí que estaba molesto porque Kathy había esparcido el rumor de que le era infiel a su pareja.

Doctorcita, entiendo que mi mujer está aburrida en casa, pero me parece absurdo todo lo que está haciendo. ¿Cómo le puedo pedir que pare de una vez? Aconséjeme.

OJO AL CONSEJO

Querido Mauricio, es momento de hablar seriamente con Kathy para que se dé cuenta que está haciendo mal. No está bien fisgonear en la vida privada de los demás, ya que tiene consecuencias; tú ya notaste el rencor de tus vecinos hacia tu persona.

Lo mejor que puedes hacer es ayudarla a encontrar un pasatiempo sano que mantenga su mente y boca ocupadas. Mucha suerte.

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