Magaly Moro

Paolo (42, Independencia). Doctora Moro, tengo tanta, pero tanta mala suerte, que solo a mí me pasan las peores cosas. Resulta que me descubrieron siendo infiel por culpa del sismo que se registró el pasado martes 22 de junio. Soy tan piña que el mejor amigo de mi esposa me vio semidesnudo, afuera de un hotel, con otra mujer. Este tipejo, que siempre me odió, de inmediato me grabó y le envió las pruebas a Cecilia.

Señora Moro, yo amo profundamente a mi mujer, pero ella no me quiere volver a ver ni en pintura. Incluso, ya se buscó a un abogado y quiere divorciarse de mí. Desde que supe eso, estoy deprimido, no como, no trabajo y me la paso llorando. Como si fuera poco, mi familia me ha dado la espalda. Nadie me ayuda, todos me increpan que he sido un imbécil al perder a una buena persona por mi calentura.

Ojalá y pudiera retroceder el tiempo. No entiendo cómo pude perder a alguien tan valiosa por una simple aventura. Lucía, la mujer con la que traicioné a Cecilia, es muy guapa, no obstante, solo para de fiesta en fiesta, es muy libertina; ahora recién abro los ojos y me doy cuenta que solo quería tener sexo conmigo. Tras mi ruptura, la busqué, solo quería que alguien me escuchara y me acompañara en este momento de dolor, pero solo conseguí un: “es tu problema, papito. Eso te pasa por andar de jugador”.  Imagínese cómo me sentí, simplemente me quería morir,

Recurro a usted, doctora, porque quiero recuperar al amor de mi vida. Usted es una consejera muy reconocida y tengo la esperanza de que me pueda ayudar a recuperar esa vida de felicidad que jamás valoré. ¿Qué hago?

Ojo al consejo

Estimado Paolo, seré sincera, es muy difícil perdonar una traición. Lo mejor que puedes hacer es darle espacio a tu esposa. Si ves que las cosas se calman, búscala y sé sincero. Les haría muy bien ir a terapia de parejas. En caso Cecilia siga firme con lo del divorcio, tienes que dejarla en libertad, es lo menos que puedes hacer. Será doloroso, pero lo superarás y habrás aprendido una gran lección. Suerte.