Magaly Moro |

Mario (26 años, Los Olivos). Querida doctora, desde hace tres años mis días son tristes. Siento que estoy muerto en vida desde aquel 25 de abril del 2018, cuando un delincuente le arrebató la vida a mi enamorada. Camila partió al cielo y yo no hago más que desear estar a su lado.

Ese día salimos a caminar al malecón de Barranco, su lugar favorito, ya que le encantaba ver los atardeceres. “Amo ver cómo se une el sol y el mar”, me repetía siempre que la llevaba. Estuvimos conversando acerca de nuestros cursos en la universidad y de los planes que teníamos. Estábamos ahorrando para viajar a Trujillo, serían nuestras primeras vacaciones juntos.

Cuando estábamos de regreso a su domicilio, por la estación del Metropolitano, ella sacó su celular para calcular cuánto íbamos a gastar en aquel viaje. En ese momento, escuché un fuerte sonido de moto. Eran tres rateros con casco que iban a bordo, ellos nos arrinconaron a la pared, nos rebuscaron y después de eso no recuerdo más. Me golpearon muy fuerte y cuando reaccioné vi a mi enamorada en el suelo sangrando.

Los vecinos de la zona me ayudaron a llevarla al hospital, pero no resistió. Estos delincuentes la habían empujado y ella cayó sobre la vereda, ocasionando una lesión en la cabeza. Los médicos no pudieron hacer nada. Le juro que me quería ir con ella, quería morirme. Días después, mis papás me llevaron al psicólogo, pero nada ha funcionado.

Todas las noches sueño con Cami. Doctora, deseo dejarla ir pero no puedo. Necesito su ayuda. ¿Qué hago?

OJO AL CONSEJO

Querido Mario, estoy segura que a Camila le encantaría ver que luchas por estar mejor. El dolor es entendible, pero busca soporte en tus seres queridos. Te aconsejo que continúes con tus terapias psicológicas. El apoyo de un profesional es clave para este tipo de situaciones.

Ten paciencia y los resultados los verás con el tiempo. Es un proceso. Mantente firme

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