Magaly Moro

Mariella (36 años, Ate Vitarte). Doctora Moro, me es grato saludarla. Siempre leo su página y sé que usted es la persona indicada para ayudarme.

Soy una mujer soltera y sin hijos, que ha vivido siempre con la mentalidad de poner su profesión antes que todo. Precisamente por eso ninguna de mis relaciones funcionaron, pero sí puedo decir que aprendí mucho de cada una ellas.

A pesar de no ser muy cariñosa ni enamoradiza, siempre he tenido caballeros que han estado detrás de mí. Algunos lograban captar mi atención y otros no. Comprenderá que con todo lo que he conseguido a nivel laboral, unos regalitos o palabras cursis no me convencen.

Lo bueno de todo esto es que los hombres con los que he estado han respetado mi decisión. Cuando les decía que ya no quería nada, se retiraron, muy dignos. Sin embargo, hace unos seis meses, en el trabajo contrataron a Pascual, un ingeniero de sistemas. El señor era muy amable al inicio, me ayudaba y cada que podía me daba un detalle. Me negué a pensar que le interesaba, pero un día él llegó con un ramo de rosas y se sinceró. “Me atrae mucho señorita y haré lo posible para estar con usted”, me susurró. Obviamente, le agradecí el gesto, pero lo rechacé. No me atraía en lo absoluto.

Doctora, pensé que con esa respuesta las cosas habían terminado ahí, pero no. A partir de ese momento, todos los días me trae regalos, desde chocolates hasta joyería. No quiero aceptarlos, pero mis amigas me dicen que no sea tonta. ¿Qué hago?

OJO al consejo

Estimada Mariella, por más que hayas sido clara con tus palabras, no lo estás siendo con tus acciones. Si no quieres nada con ese señor, por más que exista presión grupal, no aceptes sus regalos porque solo alimentarás su ilusión. Ten cuidado porque si no frenas esto a tiempo, puede que confunda las cosas o se obsesione contigo. Mantente firme. Suerte.