Magaly Moro

Percy (62, Comas). Señora Moro, tantos años leyendo esta sección y nunca pensé que terminaría enviándole una carta con mis asuntos personales, pero realmente necesito el sabio consejo de una mujer y quien mejor que usted.

Le cuento que estoy casado hace 40 años con Pilar. Somos un buen matrimonio, tenemos 4 hermosos hijos, aunque ahora solo vivimos con la menor de 25 porque los demás ya formaron sus propios hogares.

Yo no soy un hombre celoso, nunca lo he sido, sin embargo, hace dos meses he notado a mi esposa distante, fría y hasta renegona. Todo este tiempo lo he dejado pasar, hasta que un día me percaté de algo muy curioso, que mi esposa se arregla bastante para ir al mercado y, a su regreso, siempre está de buen humor.

Doctora, cuando me di cuenta de esto sentí un horrible escalofrío. No quise alarmarme, así que decidí estar más atento a su salida. ¿Sabe lo que descubrí? Efectivamente, se echa perfume, se maquilla y elije buenos vestidos para ir a comprar verduras. Imagínese, ¿quién hace eso? Nadie.

De inmediato pensé en algún tipo de engaño con un comerciante. No obstante, hasta el momento no he podido descubrir nada. En la última semana me he ofrecido a acompañarla al mercado y, aunque al principio se enojó, luego aceptó. Lo malo es que cuando va conmigo no se arregla tanto. Señora Moro, no sé cómo enfrentar a mi mujer. ¿Y si me está siendo infiel? ¿La mando a seguir? Ayúdeme, no sé qué hacer.

Ojo al consejo

Querido Percy, antes de enfrentar a tu mujer, debes conversar con ella. Imagino que tienen la suficiente confianza como para que le reveles que te estás sintiendo inseguro. Por ejemplo, puedes usar frases como “¡Qué guapa! Amor, ¿por qué te arreglas tanto?” y, de acuerdo a como te conteste, entablar el diálogo.

Evitar realizar acusaciones, usa un tono neutro y sé muy respetuoso. Suerte.