Caso del Corazón
Caso del Corazón

Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.

El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.

Hoy te cuento la historia de Rebeca (59 años, Lince).

Doctora Magaly, estoy casada con Juan Alberto desde hace más de dos décadas y, aunque siempre hemos conversado de todo, ahora me ha dado un ultimátum porque no quiere que le hable más del presidente del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), Julio Velarde, a quien admiro mucho.

A mí me apasiona hablar de la realidad del país y, en especial, de este economista de 73 años porque me deslumbra su inteligencia, su trayectoria y cómo ha sostenido la estabilidad económica del país en medio de tantas crisis políticas. Me parece un ejemplo de profesionalismo.

El problema, doctora, es que últimamente cada vez que menciono su nombre, mi esposo se incomoda. Al inicio pensé que exageraba o que solo estaba cansado del tema, pero hace poco, como le conté al inicio, me dio un ultimátum: que deje de hablar de él porque ya no lo soporta.

Eso me dolió profundamente, porque siento que no estoy haciendo nada malo, y pareciera que él está celoso sin motivos. Me parece injusto que él pueda hablar horas de fútbol, comentar partidos, jugadores y estadísticas, y yo lo escuche con respeto, aunque no siempre me interese. En cambio, cuando yo quiero hablar de una figura pública que admiro, recibo molestia y silencio.

Por eso, quisiera su consejo para saber cómo puedo manejar esta situación. No le he dicho nada por no agrandar su molestia, pero sí deseo darle mi punto de vista y que me entienda.

CONSEJO

Estimada Rebeca, coincido en que Julio Velarde es un hombre a quien admirar, pero podrías preguntarle con calma a tu esposo qué es lo que realmente le incomoda. A partir de ello, acuerden un equilibrio, así como tú escuchas su pasión por el fútbol, él también puede darte un espacio para lo que te interesa, pero sin convertirlo en el único eje de conversación.