Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.

El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.

Hoy te cuento la historia de Fátima, de 28 años, del distrito de Surquillo.

Doctora Magaly, le escribo porque me siento atrapada entre el amor de pareja y mi deber como hija. Soy hija única y vivo entregada al cuidado de mi mamá, una mujer de 75 años. La amo con toda mi alma, pero siento que su sobreprotección me está asfixiando y acabando con mi vida sentimental. Cada vez que un hombre muestra interés en mí, ella se encarga de ahuyentarlo.

Siempre les encuentra un defecto y jura que su corazón de madre no se equivoca. Lo más extraño es que, cuando tengo una cita, ella siempre termina enfermándose. Me da tanta culpa dejarla sola que cancelo mis planes y me quedo a su lado. Al final, mis relaciones se marchitan antes de florecer.

Ahora he conocido a un chico maravilloso que realmente hace latir mi corazón. Tengo pánico de presentárselo porque sé que ella encontrará la forma de alejarlo. No quiero mentirle ni salir a escondidas como si fuera una adolescente que está haciendo algo malo. Pero tampoco quiero perder esta oportunidad de ser feliz con Diego. Siento que es el hombre perfecto.

Me duele pensar que mi felicidad dependa de ocultar quién soy ante mi madre. Siento que el tiempo pasa y me quedaré sola cuidando una casa que al final se quedará vacía. ¿Cómo puedo poner límites sin sentir que estoy siendo una mala hija con ella? Ayúdeme, doctora, no quiero elegir entre mi propia vida y el bienestar de mi mamá.

CONSEJO

Querida Fátima, es natural sentir culpa, pero recuerda que amar a tu madre no significa renunciar a tu propia vida. Ella debe entender que ya eres una mujer adulta con derecho a la felicidad. Habla con ella con mucha ternura, pero establece límites claros; podrías buscar apoyo de un familiar o cuidador para que no dependa exclusivamente de ti cuando decidas salir. ¡Suerte!