Pamela (25, Rímac). Querida doctora, siento que mi vida ya no tiene sentido, pues mi corazón se rompió en mil pedazos, luego de que mi novio me hizo pasar por el momento más horrible de mi vida, al dejarme plantada en el altar, el día de nuestro matrimonio.
Sin pensarlo, el día que esperaba con mucha ilusión se convirtió en una verdadera pesadilla, cuando me vi enfundada en un hermoso vestido blanco en la entrada de la iglesia, soportando las miradas y los comentarios de los invitados, al correr la noticia de que mi pareja había declinado casarse.
Luego de planear por un año mi boda con Ricardo, mi ex novio, éste simplemente no acudió y fue su hermano quien me dijo, a través de una llamada telefónica, que a última hora se había dado cuenta de que no estaba preparado para dar ese importante paso.
Dos días, sin exagerar, doctora, lloré y lloré, pues no podía entender por qué la persona que más amaba había actuado así, de un momento a otro, destrozando todas nuestras ilusiones y la de nuestros seres queridos.
Luego de dos semanas, Ricardo me llamó y me pidió encontrarnos para poder conversar, así que lo cité en mi casa. Allí mi aún pareja me explicó que entró en pánico, una hora antes de nuestra boda.
Me aseguró que sintió miedo, pues pensó que estaba a punto de cometer un enorme error, ya que se vio a sí mismo como un hombre demasiado joven para formar una familia y sentar cabeza.
Cuando lo escuchaba, doctora, intentaba comprenderlo pero no podía y le recordé, algo molesta, que ambos tenemos la misma edad y que yo también tuve miedo, pero al instante se me pasó con sólo pensar que a su lado nada malo podría ocurrirme.
Al escucharme, Ricardo permaneció callado por varios minutos y luego me dijo que yo tenía mucha razón y me pidió perdón. Yo le dije que necesitaba más tiempo y ahora no sé qué hacer, si perdonarlo o no.
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Me dejó plantada en el altar



