Cómo es la vida sin acceso al agua (VIDEO)

22 de Marzo del 2019 - 17:03
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Más de 30 mil ciudadanos de Retamal, en Manchay, conocen este calvario

En un terreno árido y pedregoso, el pueblo de Retamal, en Manchay (Pachacámac), se abre paso bajo la sombra de la precariedad. Baldes, cilindros, tachos y tanques, colocados entre los caminos sin asfalto y las improvisadas casas de madera, revelan la necesidad más agobiante de su población: la falta de acceso al agua potable.

Ana María Castillo Gálvez, de 64 años, lleva cinco años viviendo -o sobreviviendo- con esta carencia en la Asociación Sol de Manchay. Cinco años en los que ha pagado S/15 a una cisterna para llenar su polvoriento tanque y un viejo cilindro con este recurso. Cinco años en los que ha racionado esta compra para que, en el mejor de los casos, le dure 22 días.

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“Yo vivo solo con mi esposo, adulto mayor como yo, pero si tuviera hijos menores, necesitaría de tres tanques al mes. Eso gastan algunos de mis vecinos”, comenta sentada en uno de sus muebles. “Con tal de tener una tierrita, hay que sacrificarse... Hay que esperar a que nos pongan agua. ¿Cuándo será? Años seguro tomará”, se cuestiona como si hablara consigo misma.

VIDA DE PRIVACIONES. El sacrificio de doña Ana empezó en 2015, cuando le avisaron que vendían pequeños terrenos en Manchay. Cansada de pagar alquileres, se estableció junto con su esposo, Wilman Sempertegui Campos, en una de las zonas más alejadas, denominada Retamal, y donde, según el dirigente vecinal Marcial López Guevara, hoy habitan unos 30 mil ciudadanos.

Desde entonces comparte con sus vecinos el desafío de vivir sin agua, de ahorrar hasta la última gota a fin de que le alcance para bañarse, lavar, cocinar y, si hay suerte, regar sus contadas plantas, las cuales lucen totalmente secas, casi muertas. Incluso comparte las consecuencias de no tener este recurso, que se hacen evidentes en su agrietada piel y en las afecciones a su salud.

“Nos prometen agua y desagüe, pero solo en campaña (electoral)”, dice tras recordar que la zona ha sido visitada por alcaldes y congresistas, quienes les hacen la misma promesa a cambio de votos y luego se esfuman, los olvidan y desaparecen sus esperanzas.

DESATENDIDOS. Algunos metros después de la casa de doña Ana, se halla un tacho de plástico color verde, tapado con una bolsa y pedazos de triplay. Es el recipiente donde Mariela Soledad Parales Layme almacena el agua que usa, durante una semana, para cocinar y el aseo personal de ella y su familia. Paga dos soles para llenarlo y siempre lo coloca justo al lado de su silo, oculto tras cuatro pedazos de madera.

La mujer de 35 años llegó a la asociación Sol de Manchay en julio del año pasado. Aún estaba embarazada y, pese a su estado, debía hacer lo que hasta ahora es su rutina tres veces por semana: levantarse a las 6 de la mañana, preparar el desayuno, esperar afuera de su vivienda la cisterna y movilizar su tacho con agua.

“A veces se sufre cuando no viene el aguatero (...). Se sufre porque no hay, no hay para lavar, no hay para el aseo...”, refiere mientras mueve el coche donde reposa su bebé Darel, quien a su corta edad ya debe lidiar con un ambiente rodeado de escasez.

PEDIDO A VOCES. Además de no tener acceso al líquido elemento, la pesadilla de Mariela -la misma de doña Ana- es la ausencia de una red de desagüe. Un silo abierto dentro de su terreno lo usa como baño. El olor que emana es nauseabundo y, cada cierto tiempo, deben enterrarlo y buscar otro espacio que cumpla la misma función.

Debido a estas carencias, Mariela padece recurrentemente de infecciones estomacales; además, debe soportar las picaduras de mosquitos, que proliferan por el agua almacenada. Por ahora, su pequeño hijo no ha padecido enfermedades, pero teme de que esto ocurra pronto.

“Quisiera que (las autoridades) tengan un poco de piedad, y si quiera pongan agua y desagüe, que es lo principal, para no estar sufriendo”, responde cuando piensa en un pedido para el Gobierno.

La realidad que viven ambas mujeres es la misma que todos los habitantes de las 28 asociaciones que agrupa Retamal, incluso del mismo alcalde de Pachacámac, Elvis Pómez Cano, cuyo hogar se encuentra en la zona. El dirigente López Guevara considera que este pueblo de Manchay refleja lo contradictorio que es el Estado. Por un lado, da el mensaje de combatir la anemia y la pobreza; pero, por el otro, no provee a la población del recurso más importante para acabar con estos problemas sociales: el agua.

SOLUCIONES

El 71% de la superficie de la Tierra está cubierto por agua, pero solo el 2.5% de ese total es agua dulce, útil para el consumo de animales y plantas para subsistir; el resto de este recurso, que se localiza en los mares y los océanos, no es potable por su alto nivel de salinidad. Ante esta realidad, y con la finalidad de cubrir la demanda de agua en el país, en el Perú se vienen impulsando proyectos para desalinizar el agua del mar y así hacerla apta para el consumo humano, lo cual permitiría mejorar la calidad de vida de más peruanos.

Planta potabilizadora. El Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento (MVCS) trabaja en la construcción de la primera estación de tratamiento de agua potable o planta desalinizadora en el país, la cual espera concluir a fines de este año. El proyecto, que ya está en marcha, comprende, además, la construcción y mejoramiento de dos plantas de tratamiento de aguas residuales, una ubicada al sur de Lima, que beneficiará a más de 100 mil vecinos de los distritos de Santa María, San Bartolo, Punta Negra y Punta Hermosa. La obra forma parte del proyecto denominado Provisión de Servicios de Saneamiento para los Distritos del Sur de Lima (Provisur). Otra iniciativa similar se encuentra ubicada en la ciudad de Ilo, Moquegua. Estas obras se trabajan a través de Asociaciones Público Privadas

Agua para chilca. En el año 2014, la empresa privada Fénix Power construyó una planta de desalinización y potabilización del agua de mar, de la cual obtiene diariamente 2000 metros cúbicos de agua, que son entregados gratuitamente a la Municipalidad Distrital de Chilca para el beneficio de la población.

Proyecto Lancones. Se encuentra en el distrito de Lancones, en Piura, y el proyecto implementa sistemas de agua potable y de saneamiento accionados con energía solar y construidos con materiales de la zona, acordes al clima de bosque seco.

Esta iniciativa beneficia a 1500 personas de las localidades de Playas de Romero, La Noria, Laguna Larga, Chililique y Cascajal.

Proyectos universitarios. Cuatro universidades -dos en Lima, una en Piura y otra en Junín- han apostado por desarrollar propuestas científicas a fin de mejorar el uso, calidad y distribución del agua en el país, a través de proyectos financiados por el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (Concytec).

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