Paul (44 años, Los Olivos). Doctora Magaly Moro, le escribo porque necesito de su consejo para resolver una situación en mi hogar. Todo comenzó cuando mis hijos me suplicaron traer un perrito a la casa. Yo accedí pensando que sería una hermosa forma de mantenernos mucho más unidos y compartir nuevas rutinas. Jamás pasó por mi mente que este pequeño animalito terminaría por desplazarme por completo de mi espacio.
Chicharrón, un tierno boston terrier, llegó hace unos meses y se robó el afecto de cada miembro de mi familia. Mis dos hijos están encantados con sus ocurrencias, pero lo que realmente me duele es la actitud de mi esposa. Ella parece haber volcado toda su ternura y atención en la mascota, olvidándose casi por completo de que yo existo.
Es doloroso admitir que tengo celos de un perrito, pero la falta de detalles y de conversación con mi pareja me está afectando. Cuando llego del trabajo, las caricias y las palabras dulces son exclusivas para Chicharrón, mientras que para mí solo quedan saludos fríos. Intento acercarme a ella para conversar sobre nuestro día o buscar un momento de intimidad, pero siempre surge una distracción con el animal.
No pretendo que saquemos al perrito de nuestras vidas porque sé el cariño que todos le tienen. Solo deseo recuperar los espacios con mi esposa. Temo que si no digo nada este distanciamiento se vuelva definitivo, pero tampoco sé cómo expresar lo que siento sin sonar ridículo. Espero que su experiencia me guíe para encontrar el equilibrio que tanto necesito en mi hogar.
CONSEJO
Querido Paul, la llegada de una mascota a veces altera las dinámicas en el hogar sin que la familia lo note. No tengas vergüenza de tus sentimientos y busca un momento a solas con tu esposa para expresarle, desde el amor y sin reclamos, tu necesidad de recuperar sus espacios de intimidad y atención mutua. Chicharrón trajo alegría, pero el cuidado de su matrimonio sigue siendo la base más importante de la casa. Suerte.




