Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.

El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.

Hoy te cuento la historia de Lucía, de 40 años, que nos escribe desde Surquillo.

Doctora Magaly, le escribo porque necesito sacar una tremenda frustración que me oprime el pecho. Tengo cuarenta años y siento que la vida se me ha escapado de las manos sin darme cuenta. Hace tres años terminé una relación de cinco años con el que creía que era el hombre de mi vida. Pensé que nos daríamos un tiempo, pero él simplemente cerró la página y me dejó en el olvido.

Hace poco me enteré de que Hugo ya convive con otra mujer y que incluso tienen una hermosa hija. Me dolió en el alma saber que ella sí es el amor de su vida y que conmigo no quiso avanzar. Él ya formó ese hogar que tanto planeamos juntos mientras yo sigo estancada en el mismo sitio.

No puedo evitar sentir una rabia profunda al ver cómo él rehízo su camino tan rápido. Siento que los cinco años a su lado fueron una completa pérdida de tiempo. Desde que nos dejamos no he podido concretar nada con nadie, salgo con chicos pero todo fracasa.

Me duele volver a una casa vacía todas las noches sabiendo que mi juventud se esfumó con él. Me da pánico pensar que me quedaré sola para siempre. A mi edad, siento que el tren ya pasó y que es demasiado tarde para volver a enamorarme.

Mi gran sueño siempre fue ser madre, pero con cuarenta años siento que mi cuerpo y el tiempo juegan en contra. Es injusto que él lo tenga todo y yo me quede con las manos vacías.

Necesito desahogarme porque esta soledad me está carcomiendo el alma y ya no sé cómo seguir adelante.

CONSEJO

Querida Lucía, entiendo tu dolor, pero no permitas que la amargura y el resentimiento te aten al pasado. Esos cinco años te dejaron aprendizajes, no fue tiempo perdido, y tus cuarenta años son una edad madura y hermosa para reinventarte por completo. No midas tu valor ni tus tiempos comparándote con la vida de tu expareja; enfócate en sanar tu corazón y verás que el amor y tus sueños aún son posibles. Suerte.