Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.

El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.

Hoy te cuento la historia de Mariela, de 34 años, que nos escribe desde San Miguel.

Doctora Magaly, nunca imaginé que el fútbol pudiera convertirse en un motivo de tensión dentro de mi matrimonio. Mi esposo, Diego, es un fanático de Lionel Messi desde que era adolescente y vive cada partido como si él mismo estuviera en la cancha. Yo, en cambio, siempre he admirado a Cristiano Ronaldo y, aunque antes nos hacíamos bromas por eso, ahora el tema dejó de ser divertido.

Pero desde que Cristiano ya no está en el Mundial, siento que perdí hasta la paciencia para seguirle la corriente. Ahora siento que Diego se queda atrapado en todo lo relacionado con Messi y yo termino fastidiándome más de lo que quisiera.

Lo peor es que cuando intento decirle que está exagerando, él siente que estoy atacando algo importante para él. Me responde que no entiendo lo que significa Messi en su vida y que yo solo digo eso porque soy “team Ronaldo”. Pero no se trata de quién es mejor jugador, sino de que siento que nuestra relación queda en segundo plano.

Incluso después del partido de Argentina contra Egipto, Diego terminó llorando durante varias horas. Entiendo que el fútbol puede generar emociones fuertes, pero sentí que era demasiado tiempo sufriendo por algo que finalmente es un deporte. ¿Cómo puedo hacerle entender que no quiero quitarle una alegría, quiero recuperar la tranquilidad y la conexión que teníamos antes?

CONSEJO

Estimada Mariela, cada persona puede vivir sus aficiones con distinta intensidad, y tener una gran admiración por un deportista no es un problema por sí mismo. La dificultad aparece cuando una pasión empieza a afectar la convivencia, el diálogo o la forma de relacionarse con la pareja. Habla con Diego sin burlarte de lo que siente ni compararlo con tus preferencias deportivas.

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