Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.

El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.

Hoy te cuento la historia de Guisela, de 47 años, que nos escribe desde Surco.

Doctora Magaly, le escribo porque ya no sé cómo lidiar con este vacío. Gabriel y yo llevamos 15 años de casados y tenemos una hija de 10 que es nuestra vida entera. Como padres funcionamos a la perfección, compartimos los deberes y nunca falta el respeto en la casa. Sin embargo, cuando cerramos la puerta del dormitorio, la magia que alguna vez nos unió parece haberse esfumado por completo.

Siento que mi marido se ha olvidado por completo de lo que significa enamorar a una mujer. Hemos caído en una rutina donde el deseo se ha extinguido bajo el peso de los años. Ya no hay detalles, ni palabras bonitas, ni ese interés por hacerme sentir especial antes de dormir.

Me duele reconocer que el hombre romántico del que me enamoré se ha perdido en el tiempo. Lo más difícil es la intimidad, pues él se ha vuelto un hombre tosco que no piensa en mis sentimientos. Ya no existen los preámbulos ni las caricias; él simplemente busca poseerme sin considerar si estoy lista o no. Esa falta de delicadeza me molesta profundamente y ha hecho que el encuentro físico sea algo insoportable.

Me siento como un objeto y no como la compañera que merece ser amada con ternura. No quiero separarme porque es un excelente padre y no deseo que mi pequeña sufra por nuestra ruptura. Pero estar con él en la cama me genera un rechazo que ya no puedo ocultar más tiempo.

Vivo atrapada en este dilema entre mi bienestar como mujer y la estabilidad de mi hermosa familia. Necesito encontrar una salida a este laberinto donde me encuentro ahora.

CONSEJO

Querida Guisela, es vital que rompas el silencio y hables con Gabriel con sinceridad sobre tus necesidades afectivas y físicas. La comunicación es el puente para transformar esa tosquedad en la ternura que tanto extrañas. Consideren buscar terapia de pareja para redescubrir el lenguaje del deseo y salvar su unión antes de que el resentimiento sea irreversible. ¡Mucha fuerza!