¡Habla, sobrino! Cuando pensamos en el Fenómeno El Niño, imaginamos lluvias, ríos desbordados y calles inundadas. Pero hay otro problema que a veces pasa piola: el acceso al agua potable.

Ya nos pasó en 2017. Durante el Niño Costero, el río Rímac llegó con tanta turbidez que Sedapal tuvo que suspender el suministro de agua potable por casi una semana en 27 distritos de Lima y Callao. Y ahora vuelve la preocupación, porque un Niño fuerte puede traer lluvias intensas, huaicos y más sedimentos a los ríos que abastecen a la capital.

Y ojo, sobrino, tener caño en casa no significa tener agua todo el día. Casi la mitad de los peruanos no tiene un servicio continuo, es decir, agua las 24 horas del día y los 7 días de la semana. O sea, muchas familias ya tienen que hacer malabares para guardar agua cuando llega. Si El Niño nuevamente complica el suministro, tener suficiente para tomar, cocinar y limpiar puede ponerse bien bravo.