Con la llegada del invierno, el cuerpo también experimenta cambios. El frío y la humedad pueden afectar la energía, el ánimo y las defensas, haciendo más frecuente la aparición de enfermedades respiratorias. Uno de los principales aliados es el movimiento. La actividad física activa la circulación, genera calor interno y ayuda al cuerpo a mantener una temperatura estable. Caminar, bailar, practicar deporte o realizar estiramientos a diario mejora la salud física y el estado de ánimo.

La nutrición también cumple un rol importante. En invierno se recomienda consumir comidas calientes y nutritivas, como sopas espesas, guisos y alimentos al horno. Productos como mote, choclo, camote, quinua, kiwicha y arroz integral aportan energía y ayudan a conservar el calor. También se pueden incluir ajo, cebolla, kion, zanahoria y frutos secos, además de alimentos ricos en magnesio, selenio y zinc, que apoyan el sistema inmune.

El descanso es otro aspecto importante. Dormir temprano, cenar ligero y usar ropa adecuada permite recuperar energía y conservar mejor el calor. Se recomienda usar prendas de algodón o lana, cubrir las orejas y proteger bien los pies, especialmente en lugares húmedos. Además, pequeños hábitos como respirar por la nariz, evitar el aire frío directo y mantener los ambientes menos húmedos contribuyen al bienestar.

En invierno la noche tiende a ser más larga que el día, aprovecha para dormir más temprano y respirar el prana de la madrugada.

Consejos prácticos que hacen la diferencia

Masajearse las manos y orejas activa puntos energéticos del cuerpo.

Jalarse los dedos, especialmente el meñique, ayuda cuando hay presión baja.

Realizar manualidades como pintar, tejer y cocinar ayuda a movilizar la energía.

Prender una vela en casa ayuda a deshumedecer y relajar.

Respirar por la nariz ayuda a calentar el aire antes de que llegue a los pulmones.

Usar doble media, bufanda y plantillas de cuero si hay mucha humedad.

Reírse. La risa genera calor, oxigena el cerebro y moviliza todo el cuerpo.