ESMERALDA (31, Surco). Siempre le había dicho a mi hermana que no era buena idea de que su esposo y ella, el mío y yo viviéramos en una misma casa, pero Rafaela me insistía que así ahorrábamos mucho dinero, compartiendo la vivienda.
Y así pues, ocurrió lo que yo temía: hice el amor con mi cuñado.
Fue un desliz lo reconozco, pero me ganaron los deseos, viéndolo tan provocativo, la mayor parte del tiempo sin camisa y me moría de curiosidad para saber qué sentía mi hermana en brazos de su esposo.
Aprovechando que mi esposo se fue a trabajar y que Rafaela fue a visitar a mis padres, decidida a experimentar lo prohibido, seduje fácilmente a mi cuñado, que no se resistió a mis encantos en una provocativa minifalda y como dos lobos hambrientos nos entregamos en medio de la salsa, con mucha candela, pasión y desenfreno.
No voy a negar que fue maravilloso y que me sentí en las nubes, porque él realmente sabe lo que hace, dejándome realmente exánime, haciéndome delirar con sus besos y caricias.
Pero ahora que pasó toda esa locura no solo me siento culpable, sino que no puedo seguir viendo a mi cuñado, a mi hermana y a mi propio esposo, sin tener grandes remordimientos.
Como se dice, tras el gusto, el disgusto y ahora intento hacer como si nada hubiera pasado, pero es difícil. Me dejé vencer por las tentaciones y como le digo al principio, resultado de esa mala idea de vivir todos juntos.
Dígame qué puedo hacer, doctora, porque temo volver a cometer otra locura con mi cuñado. Otra vez, la curiosidad me está matando.
CONSEJOS: Haces muy mal deseando a tu cuñado. Es una lástima que te hayas dejado llevar por la pasión y cargarás esa cruz, a menos que lo confieses.
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Me entregué a mi propio cuñado



