Miriam Gimal, activista, autora y conferencista, se ha convertido en una de las voces más influyentes sobre autismo y neurodiversidad en Latinoamérica. Fundadora del Brain Treatment Center, creadora del podcast El Autismo y Yo y promotora del documental Inteligencia Autista, impulsa una mirada que mezcla ciencia, acompañamiento emocional y educación familiar.
Su historia comenzó con el diagnóstico de autismo severo de su hija Raquel, cuando tenía apenas dos años. En ese momento, recuerda, recibió un pronóstico devastador. “Me dijeron que probablemente nunca iba a hablar ni iba a ser independiente”, cuenta. Lo más duro, asegura, fue sentir que no existían herramientas ni información clara para entender lo que estaba viviendo.
“Hace 15 años no había redes, no había podcasts, no había nada. Todo fue improvisado”, recuerda. La falta de respuestas la llevó a pasar por una etapa de negación que hoy identifica como uno de los errores más comunes entre las familias que recién reciben un diagnóstico. “La negación te da demasiado tiempo perdido”, afirma.
Durante años, Raquel presentó fuertes crisis, autoagresiones y dificultades severas de comunicación. Hasta los cinco años nunca dijo una palabra. Se golpeaba, lloraba constantemente y apenas toleraba ciertos estímulos. También tenía una alimentación extremadamente limitada: solo aceptaba tres alimentos.
Ese proceso llevó a Gimal a investigar nuevas posibilidades junto a especialistas internacionales, entre ellas la doctora Dolly de León, anestesióloga e investigadora pionera en trasplantes de microbiota en Latinoamérica, a quien considera una de sus principales mentoras. Fue ahí donde empezó a profundizar en conceptos como microbiota intestinal, inflamación y metilación.
“Desde la microbiota intestinal es como una pata y la metilación es otra”, explica. La teoría que comparte sostiene que el estado del intestino y la manera en que el organismo absorbe nutrientes pueden influir en la conducta, la salud cerebral y el desarrollo cognitivo.
En el caso de Raquel, cuenta que estudios posteriores detectaron una severa disbiosis intestinal, es decir, un desequilibrio importante en la microbiota. Según relata, esa inflamación podía estar relacionada con parte de su malestar físico y conductual. Tras cambios en la alimentación y tratamiento médico, asegura que su hija pasó de comer tres alimentos a más de cincuenta en apenas un mes.
A partir de esa experiencia, Miriam comenzó a insistir en un mensaje que hoy repite constantemente en entrevistas, redes sociales y conferencias: antes de pensar en tratamientos complejos o costosos, hay que “sanar la base”, como ella suele describirlo.
“Ese primer compromiso de un padre tiene que ser cambiar la alimentación de su hijo”, sostiene. Incluso menciona que muchas familias han visto mejoras importantes incorporando alimentos naturales y reduciendo productos ultraprocesados.
En su podcast El Autismo y Yo, dedica varios episodios a explicar estos temas en un lenguaje cotidiano. Uno de los más comentados es el capítulo junto a la doctora Dolly de León, donde hablan sobre la llamada “dieta rotatoria”, una estrategia alimenticia enfocada en disminuir inflamación y mejorar hábitos digestivos.
Gimal también promueve la terapia MeRT, una técnica de neuromodulación basada en estimulación magnética transcraneal guiada por electroencefalogramas cuantitativos. Explica que el tratamiento trabaja sobre las frecuencias cerebrales y busca ayudar a reorganizar ciertos patrones neuronales.
Raquel fue una de las primeras niñas con autismo en acceder a este tipo de terapia, que inicialmente se utilizaba en casos de depresión, ansiedad, adicciones y trastorno obsesivo compulsivo. “Después de las primeras sesiones comenzó a hablar”, afirma Gimal.
Cuenta que los estudios mostraban cómo ciertas ondas cerebrales lograban conectarse de manera distinta tras el tratamiento. Sin embargo, aclara que no considera a MeRT una “solución mágica”. Con los años, asegura haber entendido que los mejores resultados aparecen cuando existe un abordaje integral que incluya alimentación, salud intestinal, acompañamiento terapéutico y apoyo familiar.
Esa misma visión atraviesa Inteligencia Autista, el documental que viene impulsando y que reúne testimonios de familias, especialistas y pacientes. El proyecto busca cuestionar la manera tradicional en que se habla del autismo y abrir la conversación sobre salud integral, prevención y neurodesarrollo.
Más allá de las terapias o la investigación científica, Gimal insiste en que su trabajo también busca acompañar emocionalmente a los padres. Gran parte de su contenido gira alrededor del miedo, la culpa y la soledad que muchas familias sienten después del diagnóstico.
“Una de las necesidades humanas más importantes es la necesidad de pertenecer”, reflexiona. Por eso, dice, también habla de inclusión, comunidad y aceptación.
Actualmente, Raquel tiene 17 años y encontró en la música una de sus mayores pasiones. Compone, canta y participó en la música del documental de su madre. “Hoy le veo futuro”, dice Miriam, recordando que hubo un momento en que pensó que eso sería imposible.
Con el tiempo, su mensaje terminó convirtiéndose en una conversación más amplia sobre acompañamiento, inclusión y la necesidad de que las familias encuentren herramientas e información desde las primeras etapas del diagnóstico.




