Cada vez más personas usan la bicicleta para ir al trabajo, incluso en medio de la fuerte ola de calor que atraviesa Lima. Pedalear con el estómago vacío, bajo sol intenso y con sudor constante puede provocar mareos, pérdida de reflejos o una caída. El riesgo no siempre se ve venir, por eso vale la pena tomar algunas precauciones antes de subirse a la bici.

SEÑALES. Mareo, sudor excesivo, visión borrosa o latidos acelerados pueden aparecer cuando el calor supera la capacidad del cuerpo para enfriarse. Si ocurre, lo más prudente es detenerse, buscar sombra y mojarse la cabeza.

VISIÓN. Los reflejos intensos, el sudor que entra en los ojos o unos lentes inadecuados reducen la capacidad de reaccionar ante un vehículo o un bache. Usar lentes oscuros y un casco con visera ayuda a reducir el brillo y mantener la vista más clara.

CUELLO. Por el cuello circula una gran cantidad de sangre que participa en la regulación térmica del cuerpo. Cuando el aire está más caliente que la piel, esa sangre puede calentarse con rapidez. Colocar algo frío o húmedo en esa zona ayuda a refrescar el flujo sanguíneo y a reducir la sensación de sofoco.

HIDRATACIÓN. El sudor no solo significa pérdida de agua, también de sales minerales. Cuando no se reponen, aparecen calambres, debilidad o agotamiento repentino en plena ruta. Llevar agua fresca y alguna bebida con electrolitos. En trayectos muy calurosos, incluso una pequeña cantidad de sal o alimentos salados puede ayudar a recuperar el sodio.

ROPA. Las prendas claras y transpirables ayudan a reflejar parte del calor y permiten que el sudor se evapore con mayor facilidad. Algunas personas optan por mangas largas ligeras: cubren la piel del sol directo y, al mismo tiempo, facilitan que el aire circule mientras se avanza.

Salir apurado y sin comer es peligroso. Pedalear con calor exige energía y sin ella aparecen síntomas como debilidad, falta de concentración o mareos.