La expansión de la inteligencia artificial y la transformación digital del país enfrenta un obstáculo básico pero decisivo: la falta de electricidad confiable en las zonas rurales.
Así lo advierte la especialista en inversiones, energía e infraestructura con experiencia en Estados Unidos, China y América Latina, Betsy Figueroa, quien sostiene que la brecha energética sigue siendo estructural y condiciona el desarrollo educativo, sanitario y tecnológico del país.
De acuerdo con el PNER 2024-2033 del Ministerio de Energía y Minas (MINEM), la cobertura eléctrica rural pasó de 29.5% en 2007 a 65.3% en 2017, y se estima en 84.5% al cierre de 2022. Sin embargo, el problema persiste con fuerza: “el mismo plan identifica 506,888 hogares rurales pendientes de electrificar”, precisa Figueroa, al detallar la magnitud del déficit.
REGIONES MÁS AFECTADAS
Las regiones más afectadas son Cajamarca, Puno, Ucayali y Loreto. A ello se suma un dato que revela la profundidad del problema: en zonas rurales de la sierra y la Amazonía, “más del 70% de los hogares aún cocina exclusivamente con leña”, lo que evidencia que la brecha no solo es eléctrica, sino también de acceso a servicios energéticos básicos como calor seguro, agua caliente y herramientas productivas.
El impacto de esta situación es directo en sectores clave. En educación, la especialista explica que el acceso a electricidad en escuelas está asociado a mejores niveles de asistencia y aprendizaje, según evidencia del Banco Mundial. En salud, la situación es aún más crítica: el MINSA ha reportado que numerosos establecimientos rurales no cuentan con energía estable, lo que compromete la cadena de frío de vacunas y el funcionamiento de equipos médicos esenciales.
Figueroa también advierte sobre los efectos indirectos en la salud infantil. El uso de velas y keroseno en zonas sin electrificación incrementa el riesgo de enfermedades respiratorias agudas, que “representan la principal causa de muerte en menores de 5 años en estas zonas”, según señala.
FALTA DE ENERGÍA DEBILITA ESTRATEGIA DE CONECTIVIDAD DIGITAL
La falta de energía también debilita la estrategia de conectividad digital. Aunque el Estado ha impulsado infraestructura tecnológica en distintas regiones, la especialista sostiene que estas inversiones pierden eficacia si no existe electricidad para sostener su funcionamiento.
Incluso, recuerda que el Ministerio de Transportes y Comunicaciones ha reconocido que algunas antenas operan de manera intermitente por falta de energía estable, mientras que la CEPAL advierte que sin electricidad confiable servicios como la telemedicina o la educación digital no son sostenibles.
En cuanto al potencial energético, el Perú cuenta con recursos solares y eólicos de alto nivel, pero su aprovechamiento aún es limitado. Figueroa explica que el PNER 2024-2033 reconoce a la energía solar como una alternativa clave para zonas aisladas y destaca que los costos en subastas renovables han sido de los más bajos de la región.
Sin embargo, advierte un problema de diseño: “las subastas RER están diseñadas para grandes generadores que inyectan al SEIN, no para sistemas distribuidos rurales”.
Falta de implementación de programas productivos asociados a la energía.
A ello se suma la falta de implementación de programas productivos asociados a la energía. Para la especialista, uno de los principales errores es no haber consolidado el uso económico de la electricidad en comunidades rurales. También recuerda experiencias como la licitación de sistemas fotovoltaicos en 2014, que enfrentó retrasos por procesos arbitrales.
Figueroa sostiene que revertir esta situación requiere tres medidas urgentes: garantizar presupuesto para operación y mantenimiento, implementar el programa de usos productivos y diseñar tarifas sostenibles que eviten déficits estructurales.
Finalmente, resalta que cerrar la brecha energética tendría efectos multiplicadores en educación, salud y economía local. La electricidad permitiría ampliar el estudio en hogares, modernizar escuelas rurales, garantizar la cadena de frío de vacunas y dinamizar pequeños negocios. En ese sentido, afirma que “la energía deja de ser únicamente un servicio básico para convertirse en una herramienta de desarrollo, inclusión y reducción de la pobreza”.
En una perspectiva de largo plazo, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que la transición hacia la carbono-neutralidad del Perú hacia 2050 —que incluye la electrificación universal— podría generar hasta USD 140,000 millones en beneficios acumulados, de los cuales USD 28,000 millones corresponderían al sector energía.




